Dicen que Coco Chanel creó una frase parecida a ésta: La moda es aquello que pasa de moda, y quizás ahí radique la razón de que sea algo que nunca me haya interesado. Lo efímero, lo pasajero, lo transitorio, forman parte de nuestra existencia, pero siempre he centrado más mi atención sobre lo clásico, lo que permanece, por eso me siento incómodo en esta realidad “líquida” que nos envuelve.
Ello no quita para que valore lo que representa el sector de la moda en términos económicos y también sociológicos, y que no sepa que marcas como Balenciaga vayan unidas a la calidad e incluso al lujo: la composición de su ropa, por ejemplo, es cien por cien algodón, mientras que la de Zara es 67% liocel y 33% algodón.
La emisión este mes de enero de una serie de seis episodios sobre su fundador, Cristóbal Balenciaga, en la plataforma Disney +, ha despertado en mí la curiosidad de profundizar en este personaje que creó una casa de moda de lujo española en 1917 en San Sebastián, un couturier (modisto) de estándares intransigentes del que Christian Dior dijo que era «el maestro de todos nosotros». Para algunos fue un vanguardista, y para otros un hereje de la moda. Hay quien lo tachó de ególatra y otros simplemente de genio.
El Real Jardín Botánico de Madrid acoge una exposición que recorre todo el vestuario diseñado para la serie por Bina Daigeler (la que diseñó el vestuario de “Mulán”), que ha tenido que viajar a Reino Unido e Italia para conseguir las telas que él empleaba, con los mismos gramos de peso y la misma calidad, y ese estilo tan innovador de hombros caídos, cintura pinzada y caderas redondas.
Me ha causado admiración el conocer cómo este vasco nacido en Guetaria (Guipúzcoa), igual que Juan Sebastián Elcano, llegó en 1937 a París con 42 años, en plena guerra civil, para presentar su primera colección de alta costura (en los años anteriores a la segunda República, la Familia Real española y la aristocracia llevaban sus diseños), choca con los grandes de la moda de aquel momento, pero encuentra su sitio a pesar de encontrarse en el extranjero, de basar sus diseños en la tradición de su país de origen, entre alertas de bomba con el estallido de la segunda guerra mundial y la escasez de material.
Hombre reservado y poco amante de aparecer en público ni siquiera en los desfiles de sus modelos, se unió sentimentalmente a un diseñador de sombreros, Wladzio J. D’Attainville, pareja, confidente y gran impulsor de su carrera en París, su principal empuje profesional y también su mayor apoyo personal hasta su fallecimiento por peritonitis en 1948.
Fue el mejor modisto del mundo en opinión de Christian Dior y de Coco Chanel, su competencia en vida. Dior explicó la superioridad de Balenciaga con una declaración rotunda y precisa: «Nosotros hacemos lo que podemos con los tejidos, Balenciaga hace lo que quiere». Y la muy vanidosa mademoseille Chanel también reconoció que Balenciaga «es el único de nosotros que es un verdadero couturier». Lo era. Dominaba el diseño, el patronaje, el corte, la costura, la arquitectura de principio a fin de piezas de una perfección tan absoluta como discreta, porque sus prendas ocultaban las costuras.
La lista de sus clientas de la alta sociedad y del mundo del espectáculo es muy larga. Además de Marlene Dietrich incluye a Greta Garbo, Grace Kelly, Ava Gardner, Audrey Hepburn, Jackie Kennedy… Hizo el vestido de boda de su majestad la reina Fabiola de Bélgica, y uno de sus últimos trabajos fue el uniforme de las azafatas de Air France, único acercamiento que tuvo al prêt-à-porter. Balenciaga siempre creó alta costura y nunca prêt-à-porter, por eso es considerado por muchos como el verdadero padre de la alta costura. Francia, agradecida, le nombró caballero de la Legión de Honor. En España han debido pasar cincuenta años desde su muerte para que sea conocido por el gran público.
Balenciaga deslumbra. Por eso choca que «no lo hayamos reivindicado como merece», dice María Fernández-Miranda, autora del libro El enigma Balenciaga (Plaza y Janés), recientemente publicado. Quién le iba a decir a él, el hijo de un pescador que murió en el mar y de una costurera, que un día se encontraría en el epicentro del mundo de la moda de alta costura, y que llegaría a ser el español más importante de la Historia del diseño junto a Manuel Pertegaz y Elio Berhanyer.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Magnífico artículo. Desconocía mucho de lo comentado. Me has despertado la curiosidad por saber más de él. Está claro que veré su serie.
Grandes artistas, en todos los sentidos, ha dado nuestra tierra.
Gracias por tu diversidad, Alberto.