Aunque hayan ocupado unos minutos de telediario, no se percibe una especial atención al caso de los camioneros, españoles y no españoles, retenidos en el puerto de Dover. Han estado, y parece que van a seguir, no sólo atrapados, sino en condiciones inhumanas. Yendo a lo más básico, sin comida (salvo la que cada uno tuviera guardada). Yendo a lo más básico: sin cuarto de baño. Y no detallemos más. Llevan días y días. Ahí tirados y atrapados.
Ha salido en las noticias, sí, al lado de tantas otras. Pero ha salido como “noticia” a secas, con un tono neutral, destacando lo llamativo del hecho (si no fuera llamativo, no sería noticia); casi entra dentro de las que se consideran como anecdóticas. E insistiendo mucho en que “no podrán pasar la Nochebuena en casa”, como si sólo se tratara de eso- incluyéndola así un poco dentro del saco de las cosas que salen en el telediario por su valor anecdótico-pintoresco. Alguno se hará un arbolito de Navidad en su camión, ¡qué simpático!
Aquí los informadores no emplean el tono serio y dramático que utilizan al hablar de los inmigrantes en Canarias, calificándola continuamente de “tragedia humanitaria”. Aquí no sale la población, compasiva, a llevarles comida espontáneamente, ni a nadie se le ocurre el que se alojen, a cargo del Estado, en hoteles de muchas estrellas. Y a los espectadores, aunque comenten tal vez la noticia, no se les remueven las entrañas. Lo de los camioneros en Dover, curiosamente, no se considera tragedia humanitaria.
Alguien dirá que “los pobres inmigrantes son unos desgraciados”, mientras que los camioneros, como son personas dentro del orden establecido (personas que trabajan, tienen un contrato, cotizan, pagan impuestos) pues automáticamente se las tilda de “privilegiadas”; porque pasen hambre y suciedad unos días nadie se conmueve. A los que hay que ayudar es siempre a los que están, por así decirlo, fuera del sistema.
La palabra de moda es xenofobia. Pero parece que en Europa, y muy especialmente en España el problema es… ¿existe la palabra endofobia?
Me detengo a comprobarlo, y veo que, ¡sí! ¡Existe! Menos mal, porque resulta ya necesaria. Es el odio a lo propio. La obsesión por la autocrítica hacia el propio país, la propia historia y cultura y sistema económico es tal que llega un momento en que la empatía se limita al de fuera. El de fuera es alguien a quien hay que proteger a toda costa (hasta invitándolo a hoteles – lo grotesco del hecho nunca será suficientemente comentado. Llegan infringiendo leyes, y los invitamos a hoteles), incluso sin discernir si realmente merecen lástima o no (sin entrar en profundidades, parece cierto que los que llegan no son los más desfavorecidos de África, sino todo lo contrario).
También hacia los marginados hay simpatía y mucha voluntad de ayuda, porque esos también son en cierto modo “de fuera” (los sin techo, los drogadictos…).
Pero si hablamos de personas que no sólo son españoles sino que están, por decirlo así, dentro del sistema – trabajan, cotizan, pagan impuestos- , pues hacia ellos… no hay asomo de empatía por parte de los que están en la misma situación. Si un conductor de un camión desesperado, o un ex camarero, se entrega a la marginalidad (droga, delincuencia, y a intentar cobrar una paga de lo que sea) inmediatamente contará con simpatía y ayudas. Pero mientras persista en trabajar y contribuir, entonces no inspirará compasión alguna. Entonces, ya se puede quedar tirado en puerto extraño, sin comida ni agua ni aseo durante el tiempo que sea que eso nunca se llamará tragedia humanitaria.
En las cercanías de Dover, el otro lado del canal, se ha hablado en otro tiempo de tragedias humanitarias. Pero era porque había un campamento de personas que habían infringido la ley y deseaban pasar a Inglaterra.
La condición necesaria para ser considerado tragedia humanitaria es haber infringido la ley previamente.
Ahora dirán que este artículo es racista, xenófobo y lo que sea.
Yo sólo digo que me da mucha pena de los camioneros atrapados. Para ellos no hay Cruz Roja, no hay Cáritas, no hay ONGs. Y creo que lo que están padeciendo, de abandono, falta de cobijo y de aseo, es una verdadera tragedia humanitaria (no diré de una dimensión gigantesca, pero mediana sí) que, en plena Navidad, debe conmovernos.





