Estaba cantado: cualquiera observador un poco perspicaz que analizara cómo iba subiendo el precio del metro cuadrado en las oficinas de cualquier capital, se hubiera dado cuenta de que establecer el domicilio social de una empresa en una zona céntrica, o no tan céntrica, se tornaba inalcanzable para la mayoría de los emprendedores. De ahí que a alguien se le ocurriera (podía haber sido cualquiera de nosotros) la idea de compartir el espacio con el fin de hacer viable el deseo de crear una empresa que en un principio no necesitara de grandes superficies.
Es así como nació el coworking (trabajo colaborativo) como un espacio compartido -físico o virtual- donde profesionales individuales como autónomos, empresarios o empleados que cuentan con la modalidad parcial o total de teletrabajo, así como pymes o startups (empresas de nueva creación que, gracias a su modelo de negocio escalable y al uso de las nuevas tecnologías, tiene grandes posibilidades de crecimiento) pueden desarrollar su actividad. Son muchos los profesionales que sólo necesitan un ordenador y conexión a internet para desarrollar su trabajo: programadores, diseñadores, gestores de comunidades on line, periodistas, asesores, …
Les confieso que la primera vez que me hablaron de esta modalidad de trabajo, me la imaginaba como aquellas grandes salas de los periódicos que nos mostraban las películas americanas, donde cada empleado disponía de un habitáculo sin relación directa con los demás. Pues bien, nada más lejos de la realidad: los coworkings cuentan con espacios de trabajo flexibles y fijos, y en ellos se dispone en muchos casos de despachos individuales, salas de reuniones, espacios para eventos, salas fitness (gimnasios), estudios de grabación, cafeterías, …
En cuanto a la relación personal entre los que allí se encuentran, les puedo asegurar que es tan directa o más que en las oficinas tradicionales, y que en ocasiones les lleva a realizar proyectos conjuntos. ¡Qué lejos de aquella “oficina siniestra” caricaturizada en la revista La Codorniz, que el dibujante Pablo San José reflejaba semanalmente y que nos hacía reír con aquellas viñetas inolvidables!
Los beneficios del coworking hacen referencia a la producción, pero también a las posibilidades de conexión con otras personas: las instalaciones acogen diversos eventos que permiten socializar y tomarse un momento para hablar de otros temas, además de lo meramente profesional. Asimismo, proporciona oportunidades de establecer contactos que permiten ampliar las redes profesionales y personales, fomenta el sentimiento de comunidad, se optimizan los costes de instalación, se dispone de avanzados sistemas de comunicación, suelen estar situados en el corazón de las ciudades y áreas metropolitanas, y casi siempre cuentan con mobiliario ergonómico y funcional. A pesar de todo ello, esta modalidad de trabajo también tiene sus inconvenientes, destacando entre otros el excesivo ruido ambiental (teléfono, sobre todo) producido por los cohabitantes, que obliga en ocasiones a trabajar con cascos, y la pérdida de privacidad en conversaciones profesionales.
Resulta llamativo que grandes empresas hayan renunciado en algunos lugares a contar con grandes instalaciones, y hayan ubicado a su personal en coworkings, como son los casos de Microsoft, Ebay, LinkedIn, Banco Santander, Deliveroo, Accenture, AXN, Cognizant o Lenovo, con espacios repartidos por varios puntos de la geografía española.
Según un estudio publicado por Statista (plataforma global de datos e inteligencia empresarial con una amplia colección de informes), alrededor del mundo hay más de 23.000 espacios de coworking, y según datos del informe “El estado del Coworking en España 2022-2023” de Coworking Spain, hay 1.092 en nuestro país, de los que 315 están en Barcelona y 225 en Madrid. Entre las 202 empresas que trabajan en suelo español destacan Pro WorkSpaces, First WorkSpaces y la propia Coworking Spain, ya mencionadas, y más concretamente en Sevilla tenemos cuatro: Coworking Rb5 SL, Cohabitat eventos y espacios SL, Colaborando espacios coworking SL y Workincompany SL.
Las previsiones para este formato son brillantes, pues los pronósticos que maneja el sector estiman que en 2030 el 30 % de los espacios de trabajo atenderán a este formato a escala mundial. ¿Hasta qué punto la pandemia supuso un punto de inflexión en la forma de entender el trabajo, al forzarnos a hacerlo desde casa? ¿Será capaz el movimiento sindical de acoplarse a este fomento del “individualismo laboral”? ¿Favorece el coworking una vuelta al mundo rural, lejos de las grandes urbes y de la estresante vida urbana, y un regreso del talento a la España vaciada?
Éstas y otras preguntas nos invitan a tomar conciencia de que se está produciendo un cambio de paradigma laboral, que nos lleva a concluir, al menos en este campo, que el futuro ya no es lo que era.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





