Contra Franco viven mejor
El zurdismo español (ignaro, montaraz, atrabiliario, impostor y matacuras como no existe otro igual en Occidente) lleva varios días aparentando estar convencido de que a alguien le molesta que un chaval de 16 años meta goles con la Selección española por el mero hecho, no sé muy bien, si de ser de origen marroquí, si por su color de piel o si por la manera irregular en la que sus padres, al parecer, llegaron cierto día a España.
Uno tiende a pensar que no pueden ser tan simples estos zurditas y que pregonan tales fantasías hiperventiladas sólo por extender su panfletaria propaganda y retroalimentarse los unos a los otros hasta el enardecimiento podemita al uso, que consiste en proclamar que el III Reich está ya a las puertas de Londres, París, Madrid o Roma, aunque a mucha más gente todo esto le recuerda más a los sitios de Viena de 1529 o de 1683, cuando el Imperio Otomano se concentró en aniquilar el corazón cristiano de la civilización europea.
Como parece que ya no queda un sólo zurdo capaz de articular un argumento histórico contra tanta diatriba emocional y analfabestia (más por no señalarse, supongo, que por desconocimiento), de casi nada servirá recordar que el suburbio parisino de Saint-Denis, hoy poblado y tomado masivamente por musulmanes, acoge la Basílica del mismo nombre, donde se encuentra el sepulcro de un príncipe de los francos llamado Carlos y apodado Martel («el Martillo») quien en el año 732 logró frenar en Poitiers el avance irresistible del inmenso ejército de Abderramán I, quien desde Córdoba había tomado el control casi completo de la península ibérica cuando apenas habían transcurrido 20 años desde el más o menos legendario desembarco de Tarik por Gibraltar en el 711. Por favor, que el último cristiano o laico en salir de allí que se traiga la bandera.
Nieto de aquel Charles Martel que seguidamente recuperó todo el sur de los reinos francos, otro rey fue el padre fundacional de la Europa que conocemos (quizá no por mucho tiempo más), llamado Carlomagno, que da nombre a la alta distinción que otorga en el ámbito europeo y de la UE la ciudad de Aquisgrán, y al cual ningún seguidor de Melenchon, de Macron, de Sánchez, de Pablo Iglesias o de Yolanda Díaz sentiría el menor escrúpulo ahistórico y neandertalense en calificar de fascista, como acostumbran a hacer aquí nuestros zurditas desacomplejados ya sea con El Cid Campeador, con Cervantes, con Menéndez Pelayo o con Sancho Panza…
Lo que digo es que las simplezas en las que se baña todo ese zurderío patrio les conduce a suponer que las florituras futboleras y los goles de Nico Williams (originario de Ghana, en el Golfo de Guinea) o de Lamine Yamal (oriundo magrebí) suponen alguna clase de afrenta para el líder de Vox o para quienes creen en cualquier partido que la política migratoria debe regularse y contenerse para evitar otros males mayores.
Son tan elementales y ágrafos en su cómica suposición que olvidan y/o desconocen que Fernando Poo y Rio Muni, en el Golfo de Guinea (matrículas de sus vehículos FP y RM), así como el Sáhara e Ifni, en el Magreb (matrículas SH e IF), fueron todas ellas provincias tan españolas como Cuenca, Badajoz o Tarragona, y sus ciudadanos, españoles de pleno derecho, con asiento también de sus procuradores en el hoy Congreso de los Diputados e idénticos derechos a los de cualquier otro nacional.
El mismo general Francisco Franco, aunque llegaron a sospechar en algún momento que pudiera haber algún traidor entre sus filas, conservó la llamada Guardia Mora para boato y lucimiento de su equipo de seguridad, en el cual, ¡vaya por Dios!, se desempeñó como oficial acuartelado en El Pardo D. Octaviano Griñán Gutiérrez, padre del ex presidente andaluz, a punto de ser ahora desposeído de su condena por el TC por otro guardia pretoriano del régimen, Cándido Conde-Pumpido.
Debiera bastarles todo esto para comprender que los simplismos de este zurderío de garrafa son apenas una muestra del exacerbado racismo que Melenchon en Francia y el comunismo en general no ocultan cuando se trata de judíos y no conducen a otro lugar que a la confusión interesada y a la demonización del adversario, pero es obvio que ni siquiera les sirve comprobar que a quienes ellos acusan tienen entre sus filas diputados de muy diversa procedencia, raza o condición sexual.
Alientan a todos sus demonios interiores porque a la izquierda española le sigue valiendo aquel ancestralismo de la Transición que no sé si escribió el humorista y cineasta Manolo Summers o el escritor comunista Manuel Vázquez Montalbán para reírse de los suyos: «Contra Franco vivíamos mejor».
He dicho.




