La crudeza de la contienda que se está viviendo en tierras ucranianas por la agresión rusa nos está permitiendo percatarnos de horrendas realidades, y la primera de ellas, es el uso que Putin está haciendo de la “doctrina Grozni”, que recibe su denominación de la capital de Chechenia, que fue el primer lugar en el que se aplicó tan siniestro método, que consiste en bombardear deliberadamente zonas civiles (hospitales, supermercados y barrios enteros entre otros), con el objetivo de forzar a huir a los civiles y facilitar el ataque contra el Ejército ucraniano por tierra al verse obligado a quedarse en el terreno.
La doctrina Grozni es condenada (con toda razón) por la comunidad internacional al tratarse de un crimen de guerra que deja elevadas cifras de civiles muertos, ha provocado en Europa una crisis humanitaria sin precedentes desde la II Guerra Mundial y ha dejado devastadas ciudades enteras, ya que al no poder tomarlas militarmente, Putin ha optado por destruirlas por completo, tratando de desmoralizar a su enemigo y de obtener una rápida victoria ante la inesperada resistencia que ha encontrado entre el pueblo y el gobierno ucranianos.
Incluso antes de la invasión rusa, no pocos analistas advirtieron del riesgo de que Putin utilizara tan inhumana estrategia como había hecho en Chechenia en 1999 (poco después de su llegada al gobierno) y Siria en 2016, y si bien es cierto que Estados Unidos también tiene sombras en sus pasadas incursiones bélicas, no lo es menos que hay diferencias fundamentales entre las guerras de Irak y Afganistán y la agresión perpetrada contra Ucrania: la primera de ellas es que las muertes de civiles que ha dejado tras de sí Estados Unidos han sido involuntarias y fruto de errores de cálculo, mientras que Rusia está atacando de manera consciente y voluntaria zonas sin blanco militar alguno, es decir, la distinción radica en aquello que se tiende a denominar elemento subjetivo en el Derecho Penal, y que pese a tener el mismo resultado dañoso, varía sustancialmente la intención del culpable, que puede ser dolosa o imprudente. En segundo lugar, es más que evidente que Zelenski no es Saddam Hussein ni lidera un régimen como el de los talibanes sino que por el contrario es un presidente elegido democráticamente que no es nacionalista sino que abandera un patriotismo cívico que trata de unir a Ucrania sin importar la lengua y que, además, su lengua nativa es el ruso, de modo que alguien de su perfil deslegitima por completo el discurso de Putin que trata de presentar a Kiev como un gobierno neonazi que persigue a las minorías rusas, un relato que no obedece más que a la maquinaria propagandística del Kremlin.
Otra clara conclusión que he podido extraer de esta injusta guerra es que de haber continuado Trump en la Casa Blanca, es muy probable que no se hubiera producido, ya que ha sido el primer mandatario que no ha metido al país en ningún conflicto en cuatro décadas, y parte importante de las amenazas (injustificables) de Putin se debe a la mutua desconfianza entre Rusia y Estados Unidos. No debe olvidarse que se criticaba la cercanía de Trump al líder ruso mientras que paradójicamente se le presentaba como un belicista que abocaría al mundo a la Tercera Guerra Mundial, pero tan interesado relato se derrumba cual castillo de naipes por el huracán realidad, ya que era positivo que hubiese un acercamiento entre los dos principales arsenales nucleares del mundo, lo que podría haber inaugurado una etapa positiva para la paz mundial que hoy se antoja muy lejana.
Trump es un personaje amoral y un empresario sin escrúpulos que no analiza los hechos en términos de bien y mal sino de ganancias y pérdidas, algo que ha quedado aún más de manifiesto cuando ha elogiado la inteligencia de Putin en su decisión de invadir Ucrania. Precisamente por su condición de empresario está acostumbrado a negociar, en contraposición con los términos belicistas de Biden, que un mes antes de la invasión de Ucrania, amenazaba a Rusia con una declaración de guerra, algo que es menester subrayar porque la anexión de Crimea se produjo bajo la presidencia de Obama, siendo Biden vicepresidente, mientras que con Trump no dio ningún paso que pusiera en peligro la seguridad de Occidente.
Otro elemento a tener en cuenta es el carácter avasallador del autócrata del Kremlin, que considera una provocación y una amenaza a su seguridad que un país soberano decida unirse voluntariamente a la OTAN temiendo una agresión como la que está sufriendo Ucrania pero que luego en el colmo de la hipocresía tiene una base militar en Kaliningrado (en la frontera entre Polonia y Lituania) y otra en Siria apuntando directamente a Europa, lo que denota delirios paranoicos propios del genocida Stalin.
En el marco de una situación excepcional, se ha adoptado por parte de las autoridades comunitarias una decisión extrema como es el cierre de dos destacados medios estatales rusos como Russia Today y Sputnik al estar al servicio de la propaganda y las mentiras del régimen de Putin, algo que es rigurosamente cierto pero que a mi juicio es una medida equivocada en el seno de una democracia, que debe ser un faro de libertad, algo que ha argumentado de manera intachable un referente liberal como Rallo al alertar del precedente peligroso de una medida adoptada discrecionalmente por el gobierno de turno y no por los tribunales, que tal y como ha señalado Rallo, no se ha hecho para contrarrestar las tesis rusófilas (que son muy minoritarias) sino como medida de sanción contra el gobierno ruso, algo que puede tener efectos contraproducentes al dar munición argumental a Putin contra la democracia liberal y justificar la censura que él mismo practica.
En línea con lo anterior, no se puede consentir que algo tan básico y que es sello distintivo de las propias democracias liberales como la libertad de expresión quede por la vía de la coacción anulada en la práctica, como le está sucediendo de manera intolerable a mi admirada Liu Sivaya, de quien soy fiel seguidor y he tendido a estar muy de acuerdo con sus opiniones, valorando el ejemplo que representa para muchos jóvenes al preocuparse de las cuestiones políticas de manera crítica e independiente frente a la pasividad que tiende a darse en este sector de población. A tenor de mi artículo y de otros anteriores sobre lo que está sucediendo en Ucrania, es evidente que en esta materia estoy en las antípodas de lo que defiende. Considero que está equivocada del mismo modo que ella considerará que soy yo el equivocado, pero esta es la base de la democracia que debemos reivindicar y que en Ucrania está en peligro: la tolerancia y el respeto hacia quien no piensa como nosotros.
Liu Sivaya es una liberal coherente que jamás ha bloqueado a nadie y que acepta todas las opiniones, por mucho que no coincidan con aquello en lo que cree, y lo mínimo que se merece es el mismo respeto con el que ha tratado a los demás porque es injustificable desde todo punto de vista que haya recibido un total de 119 páginas con insultos y amenazas de muerte, de manera que aquellos que actúan de este modo son igual de peligrosos que los totalitarios que dicen denunciar y lo hacen amparándose bajo el calificativo de “demócratas”. Si hay algo que valoro es la valentía y esta joven politóloga rusa la ha demostrado con creces al decir lo que piensa a sabiendas de que perdería seguidores y sus palabras serían impopulares, y a pesar de las amenazas, no ha retrocedido, lo cual denota integridad y es un ejemplo frente al oportunismo al que desafortunadamente estamos tan acostumbrados. Como dice esa frase tantas veces atribuida a Voltaire, “no estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida que puedas decirlo”.
Lo más valioso que se ha podido extraer de estas terribles circunstancias es el ejemplo de Zelenski en defensa de su pueblo, quedándose en una capital asediada bajo las bombas rusas y negándose a refugiarse en Estados Unidos cuando se lo han ofrecido para evitar que lo maten, y mientras tanto, no ha entregado su país ni se ha escondido en un búnker, desbaratando los planes de Putin de tomar rápidamente su nación, demostrando que aún quedan valores en un Occidente a la deriva y claramente ayuno de liderazgos, pues en la peor situación a la que se puede enfrentar un gobernante se he erigido con su firmeza de convicciones en el líder del mundo libre, en el nuevo Reagan que actúa como faro de libertades frente a las nuevas amenazas contra nuestro modo de vida.





