Hay acontecimientos, hechos o episodios, llámenlo como quieran, a lo largo de nuestra existencia, que nos hacen virar en una nueva dirección y que, cuando los recordamos con cierta perspectiva, suponen un antes y un después en nuestras vidas. Es lo que me ocurrió en el verano de 1975 cuando, de modo casual, formé parte de una peregrinación a Taizé (Francia) con el entonces seminario menor de Pilas, viaje cuya responsabilidad recaía en nuestro añorado sacerdote Juan del Río, luego capellán de la Universidad de Sevilla, obispo de Jerez de la Frontera y, finalmente, capellán castrense.
Sitúense en el contexto: el régimen de Franco daba sus últimas bocanadas, Europa estaba expectante por cómo iba a ocurrir el esperado desenlace, y era la primera vez que viajaba fuera de España. Fue entonces cuando un grupo formado por jóvenes italianos y alemanes en su mayoría, me recriminó que no supiera lo que estaba ocurriendo en nuestro país con el detalle que ellos decían conocer. La verdad es que bastante tenía con haber aprobado en junio mi segundo curso de carrera, practicar deporte y los primeros escarceos amorosos propios de la edad, pero mi ignorancia sobre los partidos políticos en la clandestinidad, el papel de los sindicatos en la ilegalidad (UGT, CCOO y CNT) y otros eventos, me hizo sentir tan mal, que, como Escarlata O’Hara en “Lo que el viento se llevó”, me juré a mí mismo que nunca más pasaría hambre de información.
A partir de entonces devoraba la prensa diaria (en marzo de 1976 comenzó a editarse El País, santo y seña de los que teníamos inquietudes sociales), los semanarios, que eran la punta de lanza de las mejores firmas (Sábado Gráfico, Triunfo, Cambio 16, Tierras del sur, …) y los programas de radio, incluidos los de onda corta que se emitían desde el extranjero. Tiempos en los que se puso de moda la expresión “Una persona sin información es una persona sin opinión”.
La convicción de que el hombre informado conoce mejor la realidad, me llevó a ir al trabajo oyendo el primer informativo de la mañana. Leer el periódico o escuchar las noticias, equivalía a saborear la pulpa del mundo; la condición para no vagar más en la caverna, entre sombras, sería consumir más información veraz, subrayar las noticias importantes, aguzar el oído cuando un tertuliano con prestigio reflexionara.
Con la edad, sin embargo, descubrí que los ritmos de la información son distintos a los de la cultura, y que el hombre informado es, a veces, el más precariamente predispuesto a la sabiduría. De hecho, sólo hay que ojear un periódico, escuchar un programa de radio o ver cualquier informativo, para concluir que sólo reflejan una realidad que consiste en una suma de excepciones: el descarrilamiento de un tren, la corrupción de un político, los destrozos ocasionados por una DANA, …cuando la realidad, en palabras de Chesterton, es una suma de normalidades.
Uno abre el periódico con la intención de enterarse de lo que ocurre y termina enterándose de lo que no suele ocurrir. Por ejemplo: estoy convencido de que hay más políticos consagrados a una idea, quizás equivocada, del bien común, que el ingente número de corruptos que parece existir en nuestro país, pero claro, aquellos no son noticia. La mayoría de los hombres casados son caballerosos amantes de sus esposas, y no homicidas.
De todos es sabido el aforismo más conocido de Mc Luhan, “el medio es el mensaje”, y la prueba la tenemos en España, donde movidos por un sesgo de confirmación, el lector de “El País”, sintoniza Cuatro o La Sexta y escucha la cadena SER, como asimismo, el lector de ABC, sintoniza Trece TV y escucha la COPE. La noticia de portada, el espacio que se le dedica a una cuestión, el diseño de un titular, todo ello condiciona la percepción de la realidad.
También nos hemos dado cuenta todos de que la permanente conectividad a través de las aplicaciones del móvil, no nos ha llevado a un mejor conocimiento de la realidad, Ya nadie se cree aquel espejismo por el cual pensábamos que si todo el mundo tenía un iPhone y una cuenta de Facebook, la democracia advendría en los países árabes, o que Twitter (ahora X) acercaría las noticias a los lectores. Las redes no consiguen la desintermediación informativa que prometían, sino que suponen una reintermediación, un cambio de mediadores, que suelen ser menos y no sometidos a controles, y por tanto, más peligrosos.
Con la madurez he llegado a la conclusión de que la trama del mundo la constituyen bellezas ignoradas por los medios: un abuelo que observa como disfruta su nieto con los juegos, la mirada furtiva de una adolescente que se cruza fugazmente con la de un amigo de la pandilla, un árbol, que pese a los fuertes vientos, se mantiene en pie… No debería gloriarse de conocer la realidad el hombre informado que sea insensible a esos prodigios. Como afirma San Pablo en su primera epístola a los Corintios, “El conocimiento hincha, pero el amor en cambio edifica” (1ª Cor 8, 1). Conviene no olvidarlo.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Coincido contigo en que en un momento determinado de mi vida, allá por los primeros 80 tuve un ansia devoradora de lectura de prensa e información política, influido por las enseñanzas de mi padre que, no habiendo tenido formación académica superior, siempre decía que aprendió mucho leyendo el periódico (en su época el ABC ).
Yo intentaba también leer varios periódicos: ABC, El Correo de Andalucía, El País, más tarde El Mundo, etc.
Cuando se fundó el Diario de Sevilla, me convertí en fiel lector durante muchos años, llevado por la idea de que un nuevo diario local, que no fuera ABC o El Correo, aportaba diversidad a la información y opinión lo cual siempre es beneficioso para el lector.
Hoy día, mi decepción es total por la situación de la información en general, tanto prensa escrita, como televisión, radio, redes sociales, etc
Aparte del sectarismo político (la misma noticia se presenta de forma distinta en cada medio), sólo es noticia lo inusual, pero en modo catástrofe (DANA, inundaciones, nevadas, sequías, incendios) o crónica de sucesos (asesinatos, accidentes, guerras). O bien lo de siempre, la noticia es que hace calor en verano y frío en invierno.
¿Nunca pasa nada bueno que destacar? El lector, telespectador, oyente…. ¿No está interesado en algo que no sea negativo?
Para los que intentamos no ser manipulados, informarse bien hoy en día es un trabajo arduo para el que no siempre se tiene tiempo.
Un abrazo