El fenómeno Alvise ha irrumpido a tal velocidad, que ha costado asimilarlo, sobre todo a la mayoría que no estábamos al corriente. Ante la primera encuesta del CIS, que ponía sin solución de continuidad a Se Acabó La Fiesta (SALF) en el mapa electoral, me saltaron todas las alarmas. Pues parecía una simple operación de marketing de la izquierda para restarle votos a Vox. Tampoco me gustó la trayectoria de Alvise dentro de un Ciudadanos desleal a sus propios principios, que yo sufrí muy de cerca. Esto influyó negativamente en mi primera valoración del fenómeno Alvise, que taché de mero oportunista y falso profeta. Y no digo que no lo sea, eso el tiempo lo dirá. Pero dados los acontecimientos, creo que el fenómeno merece un análisis mucho más profundo.
La misma noche electoral ya puso Alvise varias quejas a la Junta Electoral Central. Denunció que los presidentes de Mesa no les dejaban fotografiar las Actas, un derecho reconocido por la Ley; para que sus partidarios pudieran enviar las fotografías de dichas Actas a un sistema de recuento propio, scrutinia, paralelo al de INDRA. También pidió retrasar el recuento hasta las 10 de la noche, para que el gobierno y su empresa electoral INDRA no tuvieran los resultados antes que nadie, ni margen para cualquier posible manipulación durante el “apagón electoral” de tres horas. Y una queja más para protestar por el desperfecto masivo de las papeletas de SALF, hecho reconocido por la Junta Electoral Central, que ordenó que en ningún caso se anularan sus votos por tal motivo. En unas horas había hecho Alvise más por la transparencia electoral de España que el resto de los partidos tradicionales. También ha sido el único político español que ha denunciado la firma de la inconstitucional ley de Amnistía por parte del Rey Felipe VI. Debo reconocer pues que, en las primeras 24 horas tras las elecciones, el fenómeno Alvise me hizo cambiar de opinión acerca de su rol en la degradada situación política española actual.
Parece que Alvise quiere a continuar el trabajo que hizo Vox, que derribó la muralla de la corrección política, pero no tomó la plaza, y se replegó a su campamento incapaz -por ahora- de culminar su proeza. Por esa misma grieta de la muralla ideológica progre ha irrumpido Alvise, con un discurso parecido al de VOX, y respaldado por casi 800 mil votos, en su mayoría varones muy jóvenes, ex votantes sobre todo de VOX, ex abstencionistas o los que votaron por primera vez. Vaya pues todo mi respeto para estos jóvenes varones heterosexuales blancos, los excluidos de todos los discursos políticos, los criminalizados por el discurso feminista mainstream, que han encontrado una voz. Una voz para los discriminados por cuestión de sexo en España, esos no-ciudadanos cuyos problemas específicos -suicidio, fracaso escolar, violencia institucional o callejera, indefensión judicial- son obviados por la partitocracia oficial. Alvise ha sabido escucharlos y conectar con ellos en su propio universo y con su propio lenguaje. Y a pesar del burdo y demagogo discurso de la noche electoral, he leído entre líneas dos mensajes muy potentes hacia todos los excluidos de la agenda política. Uno es la desculpabilización del estigma feminista contra lo masculino, aunque para ello tenga que culpabilizar a las “manadas” de inmigrantes ilegales. Y otro profundamente novedoso, la promesa de que ni un joven español “morirá en una guerra que solo beneficie a las castas”. Rompiendo el terrible tabú del apoyo de la partitocracia y de la Unión Europea al reclutamiento forzoso, sin derecho ni a la cacareada igualdad ni a la objeción de conciencia, a pesar de estar estos derechos reconocidos por la propia Unión Europea y el ordenamiento español.
Alvise viene sin complejos para devolver la dignidad y el futuro a estos jóvenes perdidos, invisibles, prometiéndoles que sus derechos fundamentales -desde el derecho a la vida y a la integridad física, hasta la presunción de inocencia e igualdad ante la ley- serán respetados. Y así ha arrancado un voto que se me antoja, tristemente, producto de la desesperación de quienes se saben excluidos. La casta política acomodada se lo han puesto muy fácil, por acción u omisión, a Alvise Pérez. Creando la necesidad de que los agitadores nos recuerden con vehemencia lo obvio y lo esencial, eso que los partidos al uso deliberadamente ignoran. Ojalá quienes aún puedan tomar nota, lo hagan sin demora. Tomar la plaza no es cosa de unos pocos, sino de muchos valientes sumando fuerzas por una causa común. Bienvenidos todos aquellos que se sumen libremente a la honrosa batalla por el rescate de la Constitución perdida, una batalla difícil en la que nos va la libertad y la dignidad de todos. Pero sobre todo la nuestra, la de los denigrados, los difamados, los descalificados, los condenados de antemano, la carne de cañón, los cabezas de turco para las ideologías moradas del odio y el enfrentamiento. Por eso parece probable que, si nadie reacciona a tiempo, las jóvenes huestes de Alvise Pérez serán muy pronto legión, capaz de poner en jaque a todo el sistema político que padecemos.






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Totalmente de acuerdo con Usted en esta ocasión. Saludos