El verso de una vieja canción me hace de esquina del Bar Flor en La Campana. Hoy me aúpa la nostalgia, me levanta en brazos la infancia para asomarme al mar de un gentío que espera en Sevilla a La Cabalgata.
-¡La Estrella, la Estrella, se ve venir la Estrella!
Alguien grita como si en la voz llevara la potente luz de un faro señalando una nave. La lejanía de lo que se acerca sacude la quietud, interrumpe palabras de conversaciones que allí mismo las ahoga para siempre un resplandor, mientras se agita una impaciencia contagiosa de miles de personas que sueñan despiertas. Esa lejanía de lo que se acerca es una de las corrientes de la sangre más verdadera de Sevilla, hecha un puro nervio en las esperas. Como cuando por el horizonte de las calles se asoma en La Madrugá el centelleo de las velas del palio de La Macarena. ¡Ay lo que es Sevilla diciendo ya viene!
Viene de ayer lo que no existe hoy. Viene de ayer la Cabalgata que no ha salido esta tarde ni nos regresa esta noche. Viene de ayer esta antigua acera de La Campana poblada de niñez en la esquina imborrable del asombro de mis ojos junto al Bar Flor, allí donde la vida cabalgó por los hombros de mi abuelo, donde me encaramó hasta el mástil de su inmenso cariño para gritar Melchor!!! con la misma insistencia de un marinero que divisa la tierra.
Hoy es el día para comprender mejor que nunca que el niño cruel y despiadado del colegio quiso engañarnos con que los Reyes son los padres.





