El interminable conflicto árabe-israelí debe ser entendido en un contexto histórico y no aislado que permita comprender con rigor los hechos acaecidos desde 2023, que han supuesto una escalada mayor. En este sentido, no deja de ser didáctica la encomiable labor de documentación que ha llevado a cabo Elentir desde su exitoso como recomendable blog Contando Estrelas.
Cabe remitirse al propio nombre de Palestina, que es el término que los romanos asignaron al antiguo Reino de Israel, y que viene de Filistea, que a su vez hace referencia al territorio ocupado por los filisteos, que en hebreo significa “invasor” o “usurpador”. Los palestinos no son herederos de los filisteos, que desaparecieron hace muchos siglos, y tras la ocupación romana, el actual territorio de Israel estuvo bajo el control de los bizantinos y luego, de los árabes, con la única excepción de las Cruzadas.
Cuando Israel se convirtió en un país independiente en 1948, el territorio que a día de hoy forma parte del Estado judío estaba bajo protectorado británico, y antes de la I Guerra Mundial era una provincia otomana, pero una vez que la actual Turquía fue derrotada en la contienda, la Sociedad de Naciones (antecedente histórico inmediato de la ONU) encargó al Reino Unido el control de Palestina en 1922, y fue la ONU quien decidió que dicho territorio se dividiría en dos Estados, algo a lo que los árabes se opusieron por su antisemita negativa a convivir con los judíos.
El Gran Muftí de Jerusalén, líder de los árabes en Palestina, fue aliado de los nazis y llegó a visitar un campo de concentración para inspirarse en las técnicas del nazismo a la hora de exterminar a los judíos, pidiendo expresamente ayuda a Hitler en 1941 para lograr tan siniestro propósito.
Hoy, de manera atónita y acrítica, muchos acusan de cometer “genocidio” a Israel, un término grandilocuente cuyo significado y alcance muchos no han empezado siquiera a digerir, partiendo en su lugar de un planteamiento primario.
Un genocidio no es matar a un número elevado de personas, sino hacer lo propio atendiendo a un elemento subjetivo, como es asesinar en base a su raza, religión, ideología o cualquier otra circunstancia, teniendo como fin último lograr la desaparición completa de un grupo de población, algo que desde luego no casa con el gobierno israelí, que avisa previamente de sus ataques y pide a la población civil que evacúe Gaza, algo que es sistemáticamente impedido por los terroristas de Hamás, que utilizan a los civiles como escudos humanos, un crimen de guerra en toda regla.
Hoy sabemos que, sin un menor contraste, se asumieron como válidas las cifras de muertos en Gaza difundidas por el llamado “Ministerio de Salud”, controlado por Hamás, que se dedicó a inflar dichas cifras para demonizar a Israel y alentar una campaña internacional contra ellos, llegando a imputarle incluso las muertes producidas por los propios misiles de Hamás que cayeron en Gaza. En efecto, la propia ONU ha pedido disculpas por asumir unas cifras que eran falsas, rebajándolas a menos de la mitad. Ahora, según la visión sectaria de la izquierda patria, ¿el secretario general de Naciones Unidas, el socialista Antonio Guterres, es un peligroso facha? ¿Comparte el PSOE membresía en la Internacional Socialista con semejante “fascista”?
En base a las cifras verificadas por la ONU, desde 2023, Israel ha matado a 765 personas y Hamás, a 1008 israelíes, muchos de los cuales eran civiles desarmados asesinados a tiros, además de incendiar viviendas con familias enteras en su interior. En base al ignorante y falaz concepto de lo que es un genocidio al que se ha aludido antes, ¿cómo se puede sostener que Israel lo comete y su contraparte Hamás no? Es más, en su Carta Fundacional, dicha organización terrorista recoge como objetivo expreso exterminar a los judíos.
Para continuar con los contrastes, que no se quedan en lo superficial sino que son especialmente visibles en los más concretos hechos, cabe aludir a que desde 2005 no viven judíos en Gaza, ya que Israel retiró los asentamientos judíos de la zona, mientras que en Israel, el 20 % de la población son árabes, y más del 80 % de ellos son musulmanes de religión. Prueba de que tienen los mismos derechos que cualquier ciudadano judío, es que a día de hoy hay tres partidos árabes representados en el Parlamento israelí, uno de los cuales llegó a formar parte de la coalición que gobernó el país en el pasado.
A día de hoy se está produciendo un verdadero genocidio contra los cristianos en Nigeria, con más de 52.000 personas asesinadas por su fe desde 2009, algo que se propuso debatir en el Parlamento Europeo en 2022 después de que una mujer cristiana fuese lapidada y quemada tras haber sido acusada falsamente de blasfemia. Dicho debate fue vetado por los grupos socialista, Renovar Europa (los llamados “liberales”), la Izquierda Unitaria y Los Verdes/Alianza Libre Europea, y en el mismo sentido que dicho grupo votaron sus homólogos españoles del PSOE, Podemos, ERC, PNV y Ciudadanos.
No fue el único caso en el que la izquierda despreció el sufrimiento de los cristianos en Nigeria, ya que en 2023, de manera miserable, PSOE y Podemos votaron en contra de una declaración de condena contra ese genocidio en la Asamblea de Madrid.
Las de Nigeria no son las únicas masacres que se han negado a condenar dichos partidos en las instituciones, pues a nivel europeo se han opuesto a hacer lo propio con los crímenes del comunismo, cuyos regímenes homicidas siguen reivindicando, del mismo modo que en 2017, Podemos e IU votaron en contra de condenar el genocidio de cristianos perpetrado por el Estado Islámico, y de manera más cercana en el tiempo, y precisamente en torno a la cuestión que nos ocupa, en 2023, Sumar, Podemos e IU se negaron a condenar los ataques de Hamás contra Israel que han desencadenado esta oleada, y en los que no mediaron provocación previa. No debe olvidarse que lanzaron más de 10.000 de cohetes contra población civil, han difundido vídeos en los que obligaban a los rehenes a cavar sus propias tumbas antes de matarlos, han quemado vivas a familias dentro de sus hogares y han violado y torturado mujeres.
Israel sufrió el mayor ataque desde el Holocausto, con 1200 muertos y 250 secuestrados, de los que sólo quedan 52 con vida, pero eso no mereció la menor condena por parte de la izquierda radical, que parece valorar la vida humana según el origen de la persona. Este planteamiento tan repugnante lo evidencian de manera reiterada: se niegan a condenar el genocidio de Nigeria y los perpetrados por el Estado Islámico, en este último caso, bajo el argumento de que se alentaría la “islamofobia”. No obstante, no parece importarles lo más mínimo alentar el antisemitismo cuando Yolanda Díaz repite la consigna de los terroristas de Hamás (“Palestina libre desde el río hasta el mar”) que llama a expulsar a todos los ciudadanos judíos o cuando llaman “Estado genocida” a Israel. Incluso Pedro Sánchez ha llegado a equiparar a Israel con Rusia, lamentando de manera sorprendente que España no tuviera la bomba atómica para utilizarla contra un país agredido. Precisamente por este tipo de actitudes, han aumentado de manera exponencial en España los ataques a sinagogas y comercios judíos, recibiendo no pocas personas judías en las calles insultos, en especial, en Melilla, donde hay mucha población musulmana. Esa misma izquierda que después de cada atentado islamista hacía llamamientos para no caer en la islamofobia, no tiene nada que decir ante los numerosos ataques que está sufriendo la comunidad judía en nuestra país.
Jamás han acusado de genocidio a Rusia ni al régimen de Putin. Sancionan a Israel mientras que han aumentado las compras de gas ruso, permitiéndole al autócrata de Moscú financiar su guerra de agresión y bombardear de manera deliberada e intencionada a la población civil de Ucrania.
Cuando se actúa de manera diferente ante unos mismos hechos en base a quién los comete, se produce discriminación, que queda patente cuando los mismos partidos (Sumar y Podemos) que piden un boicot total contra Israel y cancelar todos los contratos de defensa con el país, son los que, de manera hipócrita, votaron en contra de que se le impusiera sanción alguna a Rusia por invadir Crimea primero y toda Ucrania después.
En este juego de intereses espurios, las mentes más retorcidas están jugando sus cartas mientras que las mayoritarias masas neutras repiten sus consignas:
Por un lado, Pedro Sánchez aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid y actúa ante Israel como no lo ha hecho ante Rusia para crear un nuevo tema de debate que desvíe la atención de sus intolerables casos de corrupción, con su hermano y esposa implicados y sus más cercanos colaboradores acusados de pagar prostitutas con dinero público.
Por otro, Putin consigue desviar la atención de sus crímenes de guerra y su invasión de un país soberano y democrático como Ucrania.
Finalmente, la izquierda radical, movida por su odio y sus prejuicios más primarios, se alinea con los islamistas que masacran mujeres y homosexuales, dejando de lado su constante propaganda feminista y pro-LGTBI. No les importa ponerse de su lado al estar en contra de Israel, gran aliado de Estados Unidos en Oriente Medio, por lo que su antisemitismo emana del antiamericanismo, siendo fieles seguidores de la misma táctica soviética que Putin replica fielmente, que es apoyar el terrorismo palestino para dañar lo máximo posible a Occidente. No son conscientes de que comparten una misma trinchera ideológica que los neonazis, siendo sus mejores compañeros de cama.





