Yo he visto cosas que no creeríais… Exigir un Ministerio «de lo que sea» para la parienta y comprarse un casoplón de millonario más allá de Galapagar después de poner de fascista y de corrupto al que tuviera un ático o un pisito en la playa.
He visto al Ché Guevara fumarse un cohíba en primera fila de barrera en Las Ventas y a Iglesias llorando ante la tumba de un pariente muerto hace 80 años y jurando por sus muertos que él mismo se haría responsable de atender a miles de abuelos en las residencias de ancianos donde los dejó morir sin mover un sólo dedo.
Yo he visto a Echenique desplazarse por la galaxia lejana del Congreso de los Diputados, sin catalizador en la meninge y escupiendo el humo de su sectarismo por el tubo de escape de su enfermiza entendedera, mientras susurraba sus deseos de que una tal Dominga le chupara la minga en la Puerta de Toledo. O en la de Tannhäuser, no sé.
Cosas que no creeríais he contemplado sin moverme de mi asiento, como escuchar a un vicepresidente inculpado por mentir con el mayor de los descaros ante los tribunales sobre el presunto robo de la tarjeta de un móvil, cosa que atribuía a las cloacas del Estado cuando era él, como una rata, quien se encontraba en el epicentro de la alcantarilla.
Yo he visto a concejales y diputados de Podemos con más de 30 tacos que no habían cotizado ni un sólo mes en toda su vida arrastrar sus aplausos por las alfombras del Parlamento y a condenados por pedofilia o por agredir a policías calentando los escaños de la soberanía popular, mientras la momia de un general victorioso reconvertido en dictador cruzaba los cielos a bordo de un helicóptero.
He visto (todos hemos visto) a un presidente lamentar y buscar consuelo por el fallecimiento de los asesinos más abominables de la Historia y a un ministro de Interior bajarse los calzones ante las masas de ultras y abandonar a su suerte a un puñado de heroicos defensores de la Ley enviados a las llamas mientras se cocinaba una hamburguesa cinco estrellas.
Yo he visto a una ministra de Trabajo pedir socorro en una rueda de Prensa para que alguien le explique al pueblo llano lo que es un ERTE, porque ella ya se pierde, y celebrar que alcanzamos la cifra de casi seis millones de parados porque, de no haber sido por ella, dijo, la cosa podría haber sido mucho peor. Y también la he visto ser nombrada como sucesora por el dedo incorrupto de San Barandán el Magnífico, defensor sublime de todas las mesas de mezclas frente al lumpen de las clases más bajas que la nuestra.
Cosas que no creeríais he observado, como a un gobierno proclamar que salimos más fuertes y que hemos vencido a una pandemia mientras su jefe tomaba un Falcon con destino a dos palacios paradisíacos a costa de nuestros bolsillos rodeado de la pandilla de amigotes de la infancia y de la adolescencia en la que todos ellos viven.
He visto también mentir a un presidente de gobierno con todo desparpajo a costa del número de test que se estaban realizando, sobre el número de muertos amontonados en las morgues, sobre los planes de vacunación, sobre los planes de las ayudas previstas y sobre los comités de expertos que no existieron nunca.
Hemos visto todos, más allá de la razón, celebrar la fecha del aniversario de la revolución más criminal e ignominiosa de la Historia de la Humanidad y acumular salarios y prebendas como si no hubiera un mañana, mientras se recompensaba a niñeras improvisadas con la plata de las arcas del Estado y sueldos de director general.
He visto brillar en la oscuridad profunda del universo leyes indescriptibles sobre la eutanasia y sobre el suicidio asistido, o sobre los tonos rosas y sobre los transexuales vestidos con colas de cometa, en mitad de una ola de muertes abrumadora que sembraba de terror al mundo y ocultaba los rostros en el semi anonimato de las mascarillas.
He visto alojar y alimentar en templos de lujo a oleadas de inmigrantes, oscuros como cuevas, que rezaban a dioses ajenos e ignotos, mientras mujeres, niños y hombres como castillos desesperaban, aturdidos por la incertidumbre y el desconsuelo, en las colas de las parroquias de los dioses cercanos y amigables a los que imploraban confiados sus abuelos.
He visto interrumpir la primavera de manera abrupta. colapsar las sonrisas de los niños, morir a gente sana y la libertad de los seres humanos ahogada por mil decretos caprichosos e inventados en las guaridas de poderosos sin escrúpulos.
Y he visto, sí, a la caricatura de un tirano inepto trampear grandilocuencias guerracivilistas mezcladas con sus absurdos secretos de alcoba…
Todos esos momentos, algún día, se perderán en el tiempo y se disolverán en la memoria, como lágrimas en la lluvia.
He dicho.





