Basta con tomar yogur desnatado con trocitos de fruta para que te conviertas en un trémulo alfeñique, de pálido rostro y manos flácidas y ligeramente húmedas. Si, además, rematas la faena añadiendo tofu a la ensalada de endivias, tomates cherry sobre un tatami de gelatina de pomelo y espolvoreas todo eso con semillas de no-sé-qué, no hay duda de que naciste para ser figurita de Lladró. Pero, ojo, del peor Lladró: me refiero, claro está, a la bailarina de ballet o al payaso sollozante. Este último a veces ha inspirado también películas de masacres, pero si tomas yogurt bio, jamás podrías entender cómo activar una simple motosierra o cómo blandir un hacha, y eso te inhabilita para ser sujeto activo en el cine ‘gore’ (aunque te capacita para ser sujeto pasivo).
Debes saberlo cuanto antes: si te alimentas a base de esos saludables venenos lo más probable es que seas un ‘comeyogur’ (temperamental o sobrevenido, habría que estudiar tu caso), esto es, un blandengue que hace pucheros con ‘Marco’, sufre con la violencia estructural de ‘Tom y Jerry’, lee ¡y se emociona! con Paulo Coelho y escucha a Leift Garret y a Silvio Rodríguez mientras medita acerca de la paz en el mundo. La sintomatología se agrava si, además, endulza el té de jazmín y adormidera sostenible con hidromiel y cuando levanta la taza lo hace alzando el dedo meñique, una señal inequívoca de enfermedad terminal.
En estos casos extremos, hay poca esperanza de rehabilitación y lo más probable es que la enfermedad se agrave con los años, con propensión en los cuadros más severos a adoptar un caniche para disfrazarlo de Sara Montiel. Se han conocido casos de comeyogures a los que las letras de ‘Mocedades’ les resultaban ‘obscenas y violentas’ y uno de ellos inició una fallida campaña contra «Sonrisas y lágrimas» por ‘pornográfica’.
El único tratamiento de choque que se ha probado medianamente eficaz es un largo internamiento en clínica especializada, con aplicación de sesiones continuas de cine de Chuck Norris y Arnold Schwarzenegger, lectura comprensiva de los discursos completos de Margaret Thatcher y una dieta basada en entrecôte, chuletón de Ávila y vino de La Rioja directamente de la barrica. No hay otra si se desea que el comeyogur vuelva a ser normal y deje de llevar esas ridículas mallas violeta bajo unas absurdas enaguas con diseños indígenas, que nos resultan tan alejadas del ‘hombre-masculino’ de toda la vida. ¿Que pensaría de esta degeneración ‘El Fary’?





