Perfectos, sí. Perfectísimamente correctos y de acuerdo con lo que se manda. Perfectamente “responsables” según la nueva definición de la responsabilidad, unánimemente aceptada.
Especialmente me refiero a los que tienen voz pública, claro, los que firman artículos de diarios muy leídos, o los que han sido entrevistados estos días ante un público televisivo anhelante de revivir al menos virtualmente un poco de lo que era su Semana Santa.
Admira lo diáfano de sus prioridades, la rotundidad de sus convicciones en cuanto a lo que hoy día se considera civismo perfecto, su enorme, enorme, super enorme Responsabilidad (en la acepción que esa palabra tiene desde hace un mes, y que ha arrinconado a todas las demás).
Siguiendo las imágenes televisivas, a algunos se nos calentó un poco el corazón, en medio de la vivencia apocalíptica de lo que era este Domingo de Ramos, este Jueves Santo en Sevilla, al ver la estampa de un ramo de flores colocado ante la puerta cerrada de la iglesia de donde tenía que haber salido ese día una Virgen o un Cristo de particular devoción. ¡Vaya! No hay procesión, no hay ceremonias, no hay ni templo abierto siquiera. Pero alguien ha tenido la idea de dejar ante esa puerta inexorablemente cerrada un ramo de flores… Todo está vedado, todo está prohibido, pero, ¡bueno!, a alguien se le ha ocurrido eso.
El lenguaje de los símbolos que casi tan completamente hemos perdido, y el valor enorme de las flores, revive ahora, en tiempos extremos. Es seguro que la simple visión virtual de ese ramo alegró la vida a miles de personas sencillas. (No se me ocurre, religión ya aparte, mayor ejemplo de caridad hacia los presos que hoy somos. A muchos tampoco les importará tantísimo si de comer hay tortilla o hay lentejas. Pero el darles alegría a su corazón… pocas veces un gesto tan simple y tan barato habrá proporcionado más bien a mayor número de corazones- y perdóneseme la cursilería, pero a veces la pura verdad suena cursi, y no es menos verdad por ello). De los infinitos, la mayoría indeseados, vídeos y fotos y enlaces que recibimos estos días, el que retrataba esos ramos solitarios eran los mejores. Una gota de esperanza. Fieles inasequibles al desaliento.
¿Qué tienen a esto que decir los hermanos mayores entrevistados, o los columnistas de páginas cofrades de los diarios locales – páginas estos pasados días tan leídas…? En el retórico hipersentimentalismo que les caracteriza, un sentimentalismo atiborrado de tópicos que muchas veces no reconocemos como ciertos (que si la luz de Sevilla por allí y por acá – ¿qué luz? Sevilla es estupenda, pero su luz es la normal en su latitud), que si los recuerdos de infancia y a vueltas con que la Semana Santa nos recuerda a la infancia y a la infancia (infinidad de “adictos” a la Semana Santa lo son desde su adolescencia, no antes. Pero bueno, las páginas cuaresmales habrá que rellenarlas), pues no dudábamos de que se hablaría con emoción de esos ramos…
¡Pues no! ¡Ah, lo habíamos olvidado! Serán hiper sentimentales, serán retóricos, pero eso sí, son ciudadanos modelo. Son modernos además, y su principal horror es que alguien los pueda tachar de fanáticos. Sus prioridades están claras. Son correctos. La consigna es la consigna.
-Pues muy bonitos los ramos, pero es excesivo. Les diría que no tenían que haberlos traído, que mejor se hubieran quedado en su casa… – decía un hermano mayor.
Y los diarios de hoy, todos coinciden. Que si no hay que romper el confinamiento, que en eso de poner ramos hay mucho postureo… Que la enorme “irresponsabilidad” de romper el confinamiento por poner un ramito, eso es una locura…
Y esto lo dicen ellos (las voces públicas del mundo cofrade, hermanos mayores, pregoneros de otros años, columnistas afines en páginas especiales).
E incluso alguno de ellos se apunta a machacar a los ocho frailes que en su propia azotea particular, la de su vivienda, celebraron una misa, que fue interrumpida cual delito flagrante, por la policía, en un abuso de poder escandaloso. Pero el columnista cofrade dice que si él censura las reuniones evangélicas (por un caso en Sevilla que no tenía nada que ver, ya que allí sí que hubo aglomeración), pues que también las católicas, faltaría más, hay que ser imparcial y justo y “ecuánime”.
Al columnista cofrade le importa más el ser correcto, muy correcto, el quedar como imparcial, objetivo, capaz de autocrítica… todo antes que defender una causa justa.
¿Quién inventó ese espléndido dicho de “Con amigos así no me hacen falta enemigos”…?
Foto portada: Lince





