Hemos dicho “que te vote txapote” hasta la saciedad, hemos percibido, al menos yo, que una mayoría de españoles íbamos a botar (con b) a Sánchez para devolver la cordura a un país empujado al desvarío por el traidor Sánchez y su banda, un político marrullero que no actúa por ideología –tampoco ninguno de sus socios- sino por ambición de poder, es decir, seguir en La Moncloa sentándose en el wáter brilloso para limpiarse con el papel higiénico perfumado que gastan por allí con el dinero de todos.
Ellos hablan de una mayoría progresista: ¿Trabaja ERC por los intereses generales de España? ¿Trabaja Teruel Existe por España? ¿Trabaja JuntsxCat por los intereses de todos los ciudadanos españoles? ¿Trabajan los de EH Bildu por el interés general? ¿Trabaja el PNV por el interés de nuestro país, no de su país, sino del de todos? ¿Trabaja Mas País, quiero decir Errejón, por los intereses de todos además de por sacar su acta de diputado? ¿Trabajan los quince o dieciséis o los que sean del chapurrao de Podemos y Sumar o Sumar y Podemos o Podemos Sumar y no podemos o no queremos, en fin, (Movimiento Sumar, Podemos, Izquierda Unida donde está metido el PCE, Más Madrid, Más País, Compromís, Catalunya en Comú, Chunta Aragonesista, AraMés (Baleares) y sus marcas, Verdes-Equo, Drago Canarias, Batzarre (Navarra), Alianza Verde, Izquierda Verde, Izquierda Asturiana e Iniciativa del Pueblo Andaluz) ¿Es esto una mayoría progresista? ¿Es –acaso- una mayoría? Es una mayoría donde el progresismo consiste en que cada una de las partes –algunas irrisorias- de la veintena de partidos cobra de los Presupuestos Generales del Estado, es decir, del dinero de todos los españoles para cumplir sus propios fines (muchos de los cuales desconocemos) y para cumplir uno que comparten la mayoría de ellos: romper la unidad de España (divide y vencerás).
Esta es la mayoría progresista de la que habla el traidor Sánchez, un atajo de mediocres dispuestos a dinamitar los pilares del estado de derecho y sus instituciones con la pólvora que supone el dinero que todos les damos sin rechistar. Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Cómo es posible que después de las inaceptables decisiones –no ideológicas, sino de ambición de poder- que ha tomado el presidente del papel higiénico perfumado haya obtenido más de siete millones setecientos mil votos? Tenemos que aceptar que a fin de cuentas la culpa no es del todo del traidor Sánchez sino de siete millones setecientos mil ciudadanos que han dejado de serlo para convertirse en votantes de un adicto al poder para malgastar nuestros recursos y enfrentar a la sociedad y a los territorios. El traidor Sánchez ha pactado con terroristas y herederos de terroristas, escupiendo a los muertos y a las víctimas vivas, ha roto el principio de igualdad ante la ley excarcelando a condenados por delitos muy graves (golpistas y violadores y abusadores sexuales), ha eliminado delitos gravísimos del código penal escupiendo así a la unidad de nuestro país y a la honradez de los servidores públicos, ha pisoteado la división de poderes, ha quebrado los principios de solidaridad interterritorial y del sentido común, ha despilfarrado el bien escaso del presupuesto público, ha regalado dinero a diestro y siniestro escupiendo a la economía productiva como el mejor sátrapa de todos los tiempos incluyendo los de América Latina, que ya es decir, ha prometido sandeces imposibles, ha mentido más que el inventor de Pinocho. Sin embargo, lo hecho le ha sido perdonado, y lo que va a hacer –seguir atentando contra los intereses generales de España- tiene el refrendo para hacerlo tranquilamente.
Cuando los ciudadanos (los que además de pensar en ellos mismos piensan un poco en el bienestar general) se convierten en votantes (dejar de pensar absolutamente en el bienestar general y pensar sólo en ellos mismos), es decir, cuando no estamos dispuestos a dar nada sino solo a que nos den y cuanto más mejor, es que un país ha entrado en quiebra moral que no es otra cosa que el camino certero a su destrucción. Pero este estado de cosas viene de lejos, pitaban el himno nacional y no pasaba nada, multaban el uso del español en España y no pasaba nada, homenajeaban a los asesinos de ETA en plena calle y no pasaba nada, desobedecían las leyes y sentencias de los tribunales y nadie hacía nada, y el resultado ha sido que los políticos se han acostumbrado a pedir más, y los otros políticos a prometer más y los ciudadanos que dejaron de serlo para ser votantes también se han acostumbrado a pedir más porque a todos se les ha demostrado con hechos u omisiones que el estado, el enjuto estado español, no tiene límites. Lo que sí ha ocurrido con el traidor Sánchez y su banda es que todo se ha multiplicado descaradamente, poco a poco, siguiendo la pauta de un niño mal educado que aprende a que la impunidad de sus travesuras lo motivan para cometer otras cada vez más grandes.
¿Quién parará a Sánchez? Estaba seguro de que seríamos los ciudadanos españoles, pero –ay error- este sátrapa está jaleado por millones de votantes que piden más y más sin importarles la tragedia final a la que estamos abocados como sociedad moderna. Al niño no se le reprende. Al niño no se le castiga. Al niño se le premia siempre, aunque no lo haga bien y no se esfuerce. Al niño se le ríen las gracias, aunque la última sea haberle metido un dedo en el ojo a otro. El niño no aprende. El niño no se lava. El niño dice palabrotas. El niño escupe. El niño ha empezado a mearse en la cama.





