¡Buenos días! Cierra Pichardo, la tienda de los disfraces, uno de los comercios tradicionales y familiares de toda la vida de Sevilla; de toda la vida desde 1952, cuando Diego Díaz Pichardo y su mujer, Ana María Alarcón Bocanegra, abrieron su pequeña papelería de la calle José Gestoso. Empecé a frecuentarla desde que en 1965 empezamos a vivir en Imagen y mi madre me llevaba a aquel originario Pichardo a comprar cuadernos, bolígrafos de aquellos Carioca de los que salían lo menos diez tintas de colores diferentes, plumieres con los siete enanitos en la tapa corredera, postales de El Santo, christmas y guirnaldas por Navidad y, llegando los Santos Inocentes, gracias a Pichardo gasté mis primeras bromas con aceitunas falsas, arañas de plástico o bombas fetidas. Se estableció por unos años en Sierpes, donde había estado Eulogio de las Heras. Después se convirtió, próximo a la Parroquia de San Andrés, en el mayor especialista en carnavales y Halloween. Y habrá sido el mayor cómplice de ilusiones vistiendo a los Reyes Magos de tantas cabalgatas de distritos y sorpresas domésticas en plena madrugada. ¡Hasta siempre, Pichardo! Romero Murube quizás hubiera dicho por estos días que fuiste otro cielo que perdimos.





