Pasó el debate de la investidura de Alberto Nuñez Feijóo dejando en el hemiciclo del Congreso el poso de la chulería de una izquierda que se ha quitado la careta y vuelve a mostrar la misma cara que, también de modo chulesco, mostraba en 1936.
El debate de investidura comenzó con un Pedro Sánchez sentado en su banco y riéndose a troche y moche de lo soez del discurso de su mandado Óscar Puente. Sánchez no habló pero su silencio fue muy locuaz y dejó claro que, menos él, todo le importa un pito. Él quiere seguir siendo presidente de gobierno. Pedro «El Silente», dictador de España.
El debate transcurrió sin que Sánchez abriera la boca, para eso estaban sus socios de gobierno y sus posibles socios de investidura, los etarras, los conservadores del PNV y Juntos por Cataluña y los de Izquierda Republicana de Cataluña. Los socios del Gobierno en funciones, representados por una tal Marta Lois, y una Izquierda Unida representada por Enrique Santiago que sacó a pasear por el Congreso al difunto Julian Grimau para decirnos que fue una víctima del franquismo. Enrique Santiago nació en 1964 y es posible que no sepa, ni la verdadera historia de Julian Grimau, ni la de sus delatores y si la sabe no la va a contar, el con cubrir el expediente de sacar a relucir a un supuesto mártir del comunismo ya va servido. Lo de sacar a pasear a Grimau por el Congreso parece una consigna de la izquierda y de los etarras de BILDU, que no solo hicieron referencia al inspector de una de las checas de Barcelona, si no que utilizaron el nombre de Federico García Lorca para armar su estúpida intervención, en la que volvieron a decir lo perseguidos que están por el Estado Español, ese Estado que les paga sus sueldos y sus dietas, después de haber asesinado a mil españoles. Si Federico resucitara, sentiría asco de oír su nombre en la boca de un terrorista.
El debate tuvo más discursos indignos como el de Teresa Jordá, de Izquierda Republicana de Cataluña, que atacó al Rey por la investidura de Feijóo – investidura que según ella era un vodevil – y por ser de una familia de ladrones y corruptos. La Jordá siguió con la matraca de que la derecha está ejecutando el exterminio lingüístico de Cataluña y con lo de que el Estado Español les roba mil millones de euros anuales. Al discurso de la Jordá hay que sumarle el de la Noguera, de Juntos por Cataluña, que fue por el mismo camino y añadió que el PP se ha cargado el sistema sanitario catalán. Noguera terminó diciendo que a Cataluña le toca ser Cataluña y que viva Cataluña libre.
El discurso de Feijóo estuvo bien en los dos capítulos del debate. El de Abascal fue impecable en las dos ocasiones, y muy fuerte en la segunda.
Sucedió una cosa al final, antes de la segunda votación, que se cargó la fortaleza y el contenido de varios de los discursos de unos y de otros; la ocurrencia del PP, por boca y petición de Cuca Gamarra, de borrar del Diario de Sesiones palabras ofensivas, como «piolines» y otras, vertidas en varios de los discursos de la izquierda y de los independentistas. Esta manía de borrar de ese Diario parte de los discursos debería prohibirse, lo que se dice en sede parlamentaria es público y los españoles tienen derecho a saberlo igual que tienen derecho a consultar el Diario de Sesiones para conocer los discursos de los congresistas en su totalidad. La absurda petición de Cuca, admitida por la Presidenta del Congreso, provocó que el PSOE borrara lo que le convenía borrar.
Ahora quedamos pendientes de otra investidura, la de Sánchez, con el chantaje independentista, o de otras elecciones. Aunque todo vaya a seguir igual, es preferible lo segundo que lo primero. El chantaje continuará, la chulería de Pedro también y la tontuna de la oposición seguirá intacta.





