Incluso sociedades tan entrenadas, concienciadas, educadas y habituadas a respetar ciertas normas de prevención sanitaria como puedan ser las de Corea, Japón, Singapur, Indonesia, China o Taiwán, incumplen a menudo determinadas normas, montan en metro apretujados, viajan en aviones o se mueven en colas apretadas como visitantes turísticos…
Ayer, día aprobado por el Gobierno para el inicio del desconfinamiento asimétrico por razón de edad, todo el aparato mediático de las «panzertelevisionen», incluidos miles de seguidores de las redes sociales, se aplicaron en el papel de visilleros, que era, sin duda, lo que se deseaba provocar.
Muchos de estos mostraron su asombro y hasta la indignación por el relajo o el descuido de algunos padres con sus hijos en la calle, lo cual, en definitiva, incidía en descargar al Gobierno de toda posible culpa y la trasladaba directamente a hombros de esos presuntos ‘desalmados’.
Si hubo padres que al salir con sus hijos no supieron mantener en todo momento la recomendable distancia de seguridad, ellos y quienes aceptaran esos encuentros indebidos podrían pagar personalmente las consecuencias a corto plazo, pero creo que los visilleros y chivatos no debieran comportarse como la chivatería comunista al uso, descargando la responsabilidad de una imprudencia no generalizada sobre el grueso de la población. Menos aún si hacerlo conlleva olvidar quién es el verdadero y genuino responsable de que esto ocurra.
La autorización general concedida a bombo y platillo para sacar a pasear a los hijos fue sólo una treta más del Gobierno para intentar aliviar la presión que pesa sobre él al no haber sabido ni querido suministrar los test PCR, que es la única manera seria, razonada y científica de ir a la caza de las cadenas de contagio que permitirían una desescalada con garantías y fiabilidad.
Como nada de eso se ha hecho, a pesar de haberlo anunciado e incluso tras haber asegurado que ya estaba en marcha y que éramos uno de los países que más test estaba efectuando (las mentiras del Gobierno ya no caben en diez folios con letra menuda), la jugarreta era cambiarle el paso a la realidad y hacerle creer a la gente que los culpables de que no dispongamos de las condiciones de otros países, que ya han iniciado sus desescaladas, era de… la propia sociedad. O de esa parte de la misma que ayer salió ingenuamente a pasear.
Y no, no es cierto. Lo que nos está matando es la ineficacia, la inoperancia y la pasividad de este gobierno. Su imprevisión, la ausencia absoluta de ningún plan y el fracaso completo de las torpes gestiones que en algún momento quiso emprender, con resultado de estafas y sospechosas maniobras económicas de las que tarde o temprano tendrán que responder. Espero que también ante los tribunales.
El problema no es que los niños salgan a jugar, sino que el confinamiento sea general e intemporal y no de los contagiados por el tiempo tasado médicamente. Pero… ¿cómo saber quiénes son los contagiados? ¡Con test, maldito Gobierno, con test!
Pudiera darse que en apenas dos semanas, a partir de ayer domingo, volvamos a contemplar una subida en las curvas de contagio como resultado de lo acontecido. Pero la culpa mayor no será de la masa (idiota por definición) ni de esos padres individualmente responsables de su inadecuado comportamiento, sino de quienes nos han tomado por tan estúpidos que ahora dice el ministro Ábalos que el primer decreto de alarma jamás prohibió la salida de los niños con sus padres a pasear y que si no salieron antes fue porque nosotros, ¡otra vez!, somos unos zotes que no entendimos bien las instrucciones del Gobierno.
Simón reforzó el garrulismo de Ábalos: «El pasear una persona sola nunca ha sido un riesgo de transmisión». ¡Brillante! Un paseante solitario contagiado de sí mismo sería el oxímoron definitivo de un gulag bolivariano: le encerramos para que no se intoxique con sus propias ideas, camarada, es por su bien, entiéndalo…
Mienten ya con el automatismo de un bot de Newtral. Si no lo hubiesen prohibido y perseguido, los niños y sus padres habrían podido ejercitarse durante todas estas semanas en salidas escalonadas y con precaución. Pero lo que hicieron fue disparar un pistoletazo en la manada de bisontes y ñúes para provocar esa estampida con la que tapar la propia inoperancia y mala fe de este gobierno arruinado y ruinoso. A costa, incluso, de que vuelva a subir la ola de contagios entre la población y que colapsen de nuevo los servicios hospitalarios.
Era mucho más que previsible y fácil de entender que en una masa de gente siempre habrá una serie de imprudentes que se saltarán las normas de circulación, pero sobre todo, esto ocurrirá si la autoridad, al mismo tiempo que invita a circular, apaga todos los semáforos y retira las señales de tráfico, dejándolos al albur de los incautos y de quienes no respetarán alguna norma.
Si las curvas no mejoran en las dos semanas que vienen, el Gobierno, a no dudarlo, responsabilizará a esos padres (nada personal). Si por el contrario no aumentan las cifras de contagio, Sánchez se atribuirá un éxito absolutamente inmerecido.
La oposición reclamando una subida de sueldos a los sanitarios por su esfuerzo… y el Gobierno pensando cuánto les va a bajar para poder dedicar a planes de género, con una economía destrozada que obligará a bajar pensiones, nóminas de funcionarios, etc
No tienen vergüenza y cada vez parecemos todos más estúpidos, contagiados no del virus, sino de la irresponsabilidad criminal de este Gobierno.
He dicho.





