Si había una materia que me produjera rechazo a la hora de estudiar en mi adolescencia, esa era la Química. Quizás porque en mi colegio no conté con un laboratorio donde experimentar, porque los textos eran áridos (sin apenas ilustraciones y con redacciones extensas), o porque mi profesor no supo trasladarme ningún aprecio por la disciplina que enseñaba, como seguramente les pasaría a ustedes con ésta u otras asignaturas.
Había un cuadro que se resistía a ser aprendido: la tabla periódica de los elementos químicos, ordenados por su número atómico, por su configuración de electrones y sus propiedades químicas. Quién me iba a decir que con el paso de los años volvería a saber de ella al leer sobre un tema de actualidad como es el de las tierras raras, nombre común de 17 elementos químicos denominados raros no por su escasez, sino porque es muy poco común encontrarlos en una forma pura; el término «tierra” no es más que una forma arcaica de referirse a algo que se puede disolver en ácido, o sea, la denominación antigua de óxido.
Uno de ellos, el terbio, está en nuestros móviles, en los radares, en los discos duros de los ordenadores, en las lámparas led, en las pantallas planas de los televisores, en los catalizadores de los tubos de escape de los coches eléctricos, en los sistemas de guiado de los misiles… La fiebre actual por su producción es una consecuencia de la falta de suministros y del pulso por la hegemonía mundial en el que están enzarzados China y EE.UU. Se ha llegado a afirmar que quien domine su producción y distribución, dominará el mundo.
Otras tierras raras son el disprosio, utilizado en láseres y reactores nucleares, el neodimio, que llevan desde teléfonos inteligentes hasta prótesis dentales, el praseodimio, utilizado en motores de avión… Se encuentran mezcladas con otras sustancias minerales, pero aislarlas y purificarlas es complicado y muy contaminante.
Me ha sorprendido saber que China cuenta con la mayor mina a cielo abierto del mundo de estas tierras, que controla el 70 por ciento de la producción mundial y el 90 por ciento del refinado, y ello me invita a concluir que ese país nos lleva un adelanto difícil de superar a corto y medio plazo, por la estrategia que ha adoptado desde hace años:
Primero: China empezó a interesarse por las tierras raras en 1976, intentando asegurarse su propio abastecimiento al principio, y luego promocionando esta minería con mano de obra barata, y haciendo la vista gorda en cuestiones de contaminación y seguridad laboral, mientras Occidente se mostraba encantado con que le hiciera el trabajo sucio.
Segundo: China domina el procesamiento y refinado del material, lidera la investigación y posee más patentes que ningún otro país. El mundo empezó a ser consciente del poder que le otorgaba esta posición cuando en 2009 decretó un embargo de tierras raras a Japón que colapsó su industria tecnológica, y cuando en 2019 amenazó a EE.UU. con ralentizar sus exportaciones si no cambiaba su política con Huawei.
Tercero: China sabe que aunque Occidente cuenta con recursos, este tipo de minería está estigmatizada por los desastres medioambientales que provoca, y su puesta en marcha a pleno rendimiento llevaría al menos una década.
Cuarto: China se beneficia de la opacidad del mercado de tierras raras, ya que a diferencia de la transparencia del mercado de metales (plata, niquel, cobre, …), las transacciones no pasan por un mercado eficiente, sino que se realizan directamente entre comprador y vendedor.
Quinto: mientras que China ha nacionalizado este tipo de minería e impide así la entrada de capital foráneo en su país, ella participa en numerosas compañías mundiales, incluida la mina estadounidense de Mountain, la mayor mina americana.
Sexto: los metales se negocian por Tms, pero las tierras raras se pueden comercializar por Kgs o gramos, por lo que el mercado negro puede llegar al 40 por ciento del total.
Séptimo: China actúa como contenedor de los más de 150 millones de teléfonos móviles que los americanos tiran anualmente a la basura, y sólo de unos años para acá se está creando una conciencia de economía circular para el reciclado de unos elementos que contienen litio, cobalto y grafito.
Octavo: el renovado interés de China por la Luna no esconde la codicia por sus recursos minerales.
El mundo está cambiando a pasos agigantados. El tercer milenio que acabamos de comenzar con un nuevo siglo caracterizado por una aceleración continua, puede llevarnos a un nuevo escenario impensable hace unos años. Espero que estas líneas hayan contribuido al menos a que estas variaciones no les cojan de sorpresa.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Es curiosa esta reflexión tuya sobre los estudios de química cuando éramos más jóvenes de lo que somos ahora. La Química fue la primera asignatura en la que saqué una calificación de cero pelotero en un examen parcial, ya en 3º de BUP y que me produjo no poca inquietud, desconcierto y por supuesto ensanchamiento de camisa por lo que pudiera opinar mi padre. Afortunadamente, el autor de mis días me dijo una frase demoledora: » ¿ Qué te creías ? ¿ Qué nunca ibas a suspender una examen ? Deja de lamentarte y mira a ver porqué te ha pasado esto y qué remedio puedes poner ? «. La asignatura no era de mis preferidas y tampoco el profesor era un gran pedagogo, pero a base de mucho esfuerzo obtuve el aprobado final con cinco raspado. Sin duda fue un pequeño detalle de la educación de nuestros padres, enseñándonos a afrontar el fracaso y a esforzarnos para conseguir el éxito.
Pero yendo al grano de tu reflexión, sin duda la cuestión de los minerales, es un aspecto más de los muchos en que nos hemos dejado ganar la partida por los chinos. Cuando China abandonó su política, maoísta, o stalinista o comunista y entendió que podían tener un estado autoritario, dictatorial incluso, pero no podre ni cerrado a los negocios y la inversión, entonces el mundo occidental ya había perdido la partida. Los chino no dependen de un parlamento nacional que tenga que aprobar ninguna ley medioambiental ni tiene a la UE para emitir normativas políticamente correctas y respetuosas.
Aunque tampoco es que Europa o Estados Unidos han tenido pudor en esquilmar y explotar las zonas de África donde hay minas de coltán sobre todo el Congo y poniéndose de perfil ante violaciones de derechos humanos,. explotación de niños, etc. A mi modo de ver doble moral por parte de todos, sometida siempre al poderoso caballero.
En definitiva, que no nos extrañemos si de pronto, un día vemos que la lengua franca para los negocios resulta ser el chino en vez de el inglés y los manuales de los móviles vienen exclusivamente en chino. Total, ya previamente nos ha dado igual de todo
Muy interesante el artículo !!!
Por desgracia no podemos hacer mucho , aunque el estar informado es siempre prioridad .
Un cordial saludo , Mª Soledad