Casas vacías. Y ese es el problema. Al menos, el núcleo del problema que muchos ven respecto a la vivienda en España. “Anime” usted a cientos de miles de propietarios a que pongan estas casas, ahora desiertas, en alquileres asequibles, y tenemos el problema resuelto. O al menos la mayor parte. Es una cuestión de audacia normativa, sobre todo fiscal. Audacia progresista.
Tiremos de datos, y preguntemos a quien sabe. Y si alguien dispone de mejores datos, que levante la mano. A lo concreto, habla el INE: en España hay 3,8 millones de viviendas vacías (exactamente 3.837.328), lo que representa el 14,4% del parque total de viviendas del país. Con este dato en la mano, la tesis del primer párrafo está servida: en este país, no hace falta ni una casa más. Ni una grúa, ni una hormigonera, que son feas, antiecológicas y nos recuerdan a lo peor del desarrollismo y la especulación.
El desconocimiento se cura leyendo. Y también, viajando (o mejor los dos, sucesiva o simultáneamente). Les invito, al respecto, a un viaje a la España interior. Al pueblo más cercano, a cincuenta kilómetros o así. Pero, más interesante aun, es perderse en la España “vaciada”, la inmensa área negra de las fotos nocturnas de satélite.
Nadie. Nadie en la calle. O casi nadie, vaya. Calles desiertas. Pero calles formadas por casas. Por una sucesión de casas. Un cementerio de casas vacías. Más que vacías: abandonadas. Hogares de gatos, y ya ni eso: los gatos huyen de donde no hay comida. Y no la hay donde hace mucho que no vive nadie. Los techos se desploman; van quedando cuatro muros y dos vigas. Pero, a efectos estadísticos, constan aún como casas. Como casas vacías. Y tan vacías.
¿No le viene bien desplazarse en este momento? Se lo pongo más fácil: navegue usted por Streetview, dentro de Google Maps. Y puede hartarse de ver fotos. Es como un “Idealista”, pero a la inversa. Pero voy a ir más allá: me aventuro a proponer que pocos, muy pocos miembros del respetado Sindicato de Inquilinas optarían por vivir en la casa más cuqui, la mejor puesta (“para meterse”, vaya) que encuentren en la inmensa mayor parte de la España vaciada, aunque el alquiler fuera gratis total. Al fin y al cabo, uno está ligado a un lugar en el mundo y a un puesto de trabajo. Una ecuación compleja que explica otra realidad compleja: la España vaciada.
La imagen especular: Madrid. O Barcelona. Los focos económicos. Atraen población, qué duda cabe. Migración nacional clásica (campo-ciudad, que aún colea), desplazamientos temporales y migrantes internacionales. El INE lo dice claro: ahí hay un 6.3 al 8.2% de casas vacías. Un cálculo exento de demagogia, por tanto, tendría que poner de manifiesto cuántas viviendas vacías hay por área, especialmente las más tensionadas. Creo avanzar que el número podría decepcionar.
Además, hay una controversia considerable en torno a qué entendemos por casa vacía y cómo la definimos para una contabilidad más atinada. ¿Consumo eléctrico casi nulo? ¿Y si tengo una segunda residencia de uso muy ocasional, pero a disposición de sus titulares?
Suponiendo una definición concreta y una contabilidad refinada que excluyera las segundas residencias, tendríamos que excluir también las casas vacías, pero pendientes de eternos litigios legales, tipo herencia. Viviendas cuya titularidad está en el limbo, y sobre las que no cabe disponer hasta la resolución judicial. Ad calendas graecas, vaya.
Volvemos, al fin, a Madrid, Málaga o Valencia. Ambiente metropolitano. Recomiendo, de nuevo, un paseo físico o virtual. También aquí se toparán ustedes con muchos inmuebles abandonados. Manifiestamente abandonados, vaya. Hay, por tanto, que afinar mucho cuando hablamos de viviendas vacías. Cómo las medimos, dónde están en concreto, cómo evaluamos la habitabilidad concreta y qué resultados tenemos. Un aterrizaje forzoso de la cuestión sobre las distintas realidades de este país, hecho público luego, incorporado razonablemente al debate, mucho-mucho antes de pensar en hacer de ello una bandera electoral.
Hecho lo cual, podríamos ponernos serios con la cuestión de la vivienda en España. Si propiedad o alquiler y en qué condiciones. Con qué derechos y, por tanto, con qué escudos y salvaguardas. Con qué modelo y pensando en qué diseño urbano y social. Labor para el think-tank de cada partido, para llevarlo a un programa electoral y, luego, dependiendo de la composición parlamentaria, para situarlo como desarrollo fundamental de una coalición de gobierno. A cuatro años vista.
Pero nunca, nunca unos decretos pergeñados aprisa y corriendo, sin debate, sin estudio de viabilidad legal o de impacto sobre el mercado, Nunca una legislación sobre un problema social de calado redactada en caliente, sobre lo emocional de un caso concreto, como forma de aliviarse un presumible varapalo electoral consecuencia de lo mismo, de no haber abordado debidamente los problemas sociales de calado.
El buen gobierno, en definitiva, es lo contrario a lo realizado por el actual ejecutivo. Lo hecho al respecto es el mejor ejemplo de demagogia, y sobre ello puede la ciudadanía expresarse el 29N.





