
Febrero sigue lluvioso y a pesar de la lluvia, como era de esperar, el pasado martes, la Real Maestranza de Caballería presentó al mundo el cartel que ha comprado este año, un cartel figurativo, con Morante de protagonista. El cartel, horrendo, es obra del pintor checoslovaco, Jirí Georg Dokoupil y lo ha escogido el nuevo asesor en cartelería de la Real Maestranza sevillana, el galerista Fer Francés que lógicamente vende lo suyo, lo que al gusta, lo de mal gusto. De los artistas que tiene en su galería este muchacho, salvo solo a dos. Pero voy a seguir con el cartel maestrante de este año. El cartel, ya digo, es malo, pero malo, malo y los maestrantes lo saben, ya que para distinguir entre lo malo y lo bueno cuando hablamos de obras de arte, no hace falta ser experto en nada, pero ellos le hacen caso al galerista y mandan notas a la prensa para que alaben el cartel y de camino a su autor, autor que hasta ahora y sin temor a equivocarme era un perfecto desconocido en la ciudad e incluso en su mundillo artístico. No creo que nadie de Sevilla asistiera a la exposición del checo en el Museo Reina Sofía en 2000, ni a la de La Casa Encendida de 2020, ni que conozcan la basura de obra que tiene esta supuesta figura del arte europeo. En Europa hay muy buenos artistas, muy buenos pintores contemporáneos, ya sean figurativos o abstractos, pero no es el caso del checo Dokoupil.
Las únicas incursiones en el tema taurino de Dokoupil han sido la manipulación serigráfica de sendas fotos de los toreros, Juan Antonio Ruiz ¨Espartaco¨ y de, José Miguel Arroyo Delgado, ¨Joselito¨, fechadas en 1991 y tituladas por el checo, con el muy anti taurino titulo de: ESTIERCOL DE TORO. También tiene el checo una obra sobre una foto del Cordobés toreando, hecha con humo, con hollín, es decir con polvo de carboncillo o carbonilla, o como ustedes quieran denominar a ese material neolítico y alguna cosita copiando al Picasso infantil de los años coruñeses. Señalo lo del material neolítico porque el checo y sus fans venden la aseveración de que pintar con hollín es muy novedoso. Cosa de la posmodernidad. Al checo posmoderno también le dio hace años por pintar con leche materna, no sabemos de qué madre, a latigazos y con pompas de jabón llenas de pigmentos explotadas sobre el lienzo. Pinturas con redondelitos. Pero vuelvo al cartel maestrante, no quiero dispersarme y ni que ustedes, amables lectores, se me dispersen.
El cartel lleva a Morante ejecutando cinco pases. Esas imágenes del cartel están sacadas de fotos, de las miles de fotos que de Morante y sus faenas andan publicadas por Internet. Dokoupil ha cogido cinco fotos, ha calcado, mal, las siluetas de torero, capote, muleta y toro y las ha rellenado con unos chafarrinones que un orangután haría mucho mejor. A eso, en mi casa, se le llama tener poca vergüenza. Si al checo le encargan el cartel, cualquier cartel, en Sevilla o en Hamburgo, o en Düsseldorf, o en donde sea, el checo lo que tendría que hacer es lo suyo y lo suyo, por muy inclasificable que él se vea y pregone, no es lo figurativo, más allá de esas incursiones sobre fotos ajenas que hizo en los 90. El cartel que Dokoupil y Fer Francés le han vendido a los maestrantes es un cartel horrendo, insulso, muy mal dibujado y peor compuesto. Las alabanzas que han salido en diversos medios, digitales y escritos de Sevilla, son infumables y están calcadas de artículos que andan por Internet desde 2000. Fer Francés, el asesor posmoderno y bisoño – tiene tan solo 38 años y la ESO y la LOE han creado monstruos – ya le podía haberle echado bemoles a la cosa y haberle encargado el cartel maestrante a una verdadera figura del arte contemporáneo, como por ejemplo al grandísimo Gerhard Richter, uno de los más cotizados pintores europeos y no al ªestafadorª de las pompas de jabón.
Como no quiero pecar de pedante, ni cansar a los tendidos, lo dejo aquí y otro día seguiré hablando de arte y de artistas, verdaderos y falsos.






