Estimado Sr. Mota.
Ha pasado usted abruptamente de humorista a bufón de la corte del gobierno de Pedro Sánchez. Ese gobierno que, como usted sabe, usa la televisión pública como herramienta de propaganda política, sin contención alguna. El contenido de su show “humorístico” de fin de año para TVE1 muestra hasta qué punto ha dejado usted de ser un creador libre, para sumarse a la pléyade de palmeros del poder sanchista. Que aún pretenden parchear la muy deteriorada imagen de Sánchez, consecuencia directa de sus desmanes políticos, rayanos en lo delictivo y lo totalitario. Con la agravante de que hemos sido los españoles quienes, con nuestros impuestos, le hemos pagado su dantesca puesta en escena. El gobierno, con su necesaria colaboración, ha querido usurpar el sentido del humor popular, un mecanismo crítico tan necesario como peligroso para el poder totalitario. Ha intentado usted, Sr. Mota, poner la risa al servicio de este gobierno. Y eso no tiene ni pizca de gracia.
La línea argumental de su retorcido guion de fin de año -descalificar a toda la política por igual- solo lo descalifica a usted, Sr. Mota, por tratar de blanquear a Sánchez con una equidistancia disfrazada de neutralidad, que es una infamia. Solo hundiendo a todos -con sus nombres y apellidos- sin distinción, podía usted colocar a Sánchez a la debida altura. Esa es la tesis profundamente injusta y falsaria de su guion. Obviando que es Pedro Sánchez, y sólo Pedro Sánchez, quién gobierna y ostenta el poder. Y que es solo Pedro Sánchez quien no pisa la calle por miedo a ser abucheado por los ciudadanos. Sr. Mota, ese Pedro Sánchez al que usted esconde con un papel secundario en su guion, es el único protagonista de ese Un Año de Miedo que parodia. El resto de su reparto son meros espectadores; y algunos pasan a ser actores secundarios -como Puigdemont- solo cuando Sánchez los mete en la escena. Se ha equivocado usted deliberadamente de protagonista, Sr. Mota, el villano de la política española hoy es uno, y se llama Pedro Sánchez; Puigdemont y Junqueras actúan sólo de comparsa.
Pero, no contento con blanquear solapadamente a Sánchez, Sr. Mota, se atreve usted a intentarlo con toda su ideología progre. Patética es su parodia inventada de que los hombres eclipsan a las mujeres de éxito, no sé en qué mundo vive. En su progre-show que todos pagamos puede usted meterse con los hombres calvos, pero no con las gordas ni con las feministas de pacotilla; puede ridiculizar al cristianismo, pero ni mentar al islamismo; puede banalizar la guerra, con la que está cayendo en Ucrania; o resucitar el tópico del andaluz chistoso e ignorante, con tanta falta de imaginación como de respeto. No se olvida usted tampoco de la nueva obsesión de la izquierda, el presidente electo de Argentina Javier Milei, a quién pretende descalificar comparándolo con nada menos que con el dictador de Corea del Norte; un Milei aclamado por los argentinos allá por donde pasa. Y su mensaje subliminal de cierre es directamente un insulto a la inteligencia: nos dice usted, así como de refilón, que son los votantes quienes reclaman la amnistía al pobre Pedro Sánchez. Pero todos los guiones se revelan en el desenlace. Y el suyo como humorista ha tenido un mal final: ha vendido usted su alma al diablo. Ha sido el complemento perfecto a la Jeny en las campanadas repitiendo el mensaje dictado por el gobierno como un loro. Más o menos como usted. Mota es ya un anacronismo, igual que Sánchez. Van por detrás de la historia. Por eso espero, Sr. Mota, que éstas hayan sido las últimas campanadas de sus gracias infames y sin gracia. Del Sr. Sánchez, ni hablamos.





