Para un escritor, cualquier comentario acerca de un premio que no ha recibido es sospecha inmediata. Así que lo resuelvo desde el primer párrafo, y acabamos rápido: me muero de la envidia por no haber sido galardonado con el Planeta 2021. Claro que lo tenía difícil: no me había presentado. Y las razones las expondré a continuación, abusando un poco de su paciencia. Pero quédense conmigo, que merece la pena.
El Planeta. El premio literario más conocido y mejor dotado en lengua española. En cuanto a la cuantía del galardón, se dice que es la mayor del mundo. Tampoco lo sé con precisión. Pero es preciso explicar a los lectores algunos detalles acerca del particular. Y si mi apreciación no les parece correcta, comentario abajo, y corrijo pidiendo perdón.
La información de que dispongo reza que el sustancioso galardón del Planeta, como en el caso de otros premios, no es sino un anticipo de ventas. Quiere decir que, una vez percibido el importe del premio, el autor — en este caso, el trío de autores escondido hasta ahora bajo el seudónimo “Carmen Mola” — no verá un céntimo más hasta que Planeta se rembolse el millón de euros del premio en ventas de “La Bestia” — título de la obra recién galardonada —. Hablando en plata, que el pastizal se queda en casa sí o sí. O más que en casa, en Planeta, que es como una casa enorme.
Así viene sucediendo, configurando un perfil estereotipado: el Planeta cae en manos de un seguro “vendedor”, con trayectoria millonaria anterior al premio. Podemos verlo así con la edición 2021, con la de 2020, ganada por Eva García Sáenz de Urturi, la del 2019, con Javier Cercas, la del 2018, con Santiago Posteguillo, y podríamos continuar. Se intuye, pues, que no hay lugar para desconocidos, figuras emergentes, autores malditos o ciertas vanguardias, cuyo curriculum en cash sea nulo o inseguro, en cualquier caso. Y uno se pregunta… ¿saben esto los autores de los más de seiscientos manuscritos presentados a esta edición? ¿Por qué perdieron el tiempo y la ilusión enviando a la nada tantísimas horas de trabajo? Ténganlo todos por cierto: no va a sonarles la flauta.
La flauta no suena por casualidad cuando se trata de una millonada, y los experimentos, con gaseosa. Lo visto y oído configuran la impresión de que el Planeta es una gigantesca operación de márquetin basada en la pre-selección de un vendedor infalible — aunque esté fichado por la competencia, como en el caso de “Carmen Mola” —, y en la creación de una macromascarada de megaconcurso internacional para adornar con la pátina de “calidad literaria”… a la obra que iba a vender, sí o sí. ¿El objetivo-resultado…? Un acelerador de ventas. Un “booster” de dinero, si me permiten la terminología anglosajona. La hipótesis perfecta, y un regalo para el oído del lector de masas.
En efecto, las masas lectoras — y esa es la buena noticia: el mercado editorial goza de buena salud — ya habían seleccionado al ganador con sus ventas, mucho antes del premio. El premio, ahora, confirma a las masas que su selección literaria era la buena, la auténtica, la mejor… Puro cuñadismo literario: “¡Te lo dije… Y tú, dale que te pego con Thomas Mann y Proust!”. Un fenómeno win-win, o populismo literario: darle a las masas lo que quieren hasta el paroxismo. También en literatura.
¿Tiene esto que ver con la calidad literaria? Pues depende, oiga. Para el cuñado antes mencionado, sin lugar a dudas. Si usted es de Steinbeck y Pearl S. Buck, peor para usted; pero cállese y no nos agüe la fiesta. Contentos estamos todos de ser como somos y leer lo que leemos. Y más contentos aun los galardonados, pero el que ríe el último es Planeta. Esos saltan de alegría, un año tras otro.
P.D. Y… ¿Dónde queda el jurado (José Manuel Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Belén López)? Pueden preguntárselo a ellos mismos. Pero mejor hacerlo en privado, uno por uno. Tal vez alguno te diga la verdad.
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