El largo y tórrido verano que estamos viviendo nos ha surtido de varios culebrones estivales que han llenado los noticiarios junto a los consabidos incendios, subidas de precios y altas temperaturas: el beso de Rubiales como más reciente, y, sobre todo, la detención de Daniel Sancho, nieto del intérprete de nuestro recordado “Curro Jiménez”, y que, además del crimen del que se ha confesado autor, al parecer tiene deudas pendientes con la justicia española.
¿Se le hubiera dado tanta difusión si no hubiera sido familia de quien es? ¿Hubiera ocupado tanto espacio en los noticiarios si estuviéramos en diciembre, por poner un mes cualquiera que no sea verano? No lo sé, pero lo que sí he observado es que no se ha hecho mención a los más de 900 españoles que están presos en cárceles extranjeras, desconocidos para el gran público y silenciados en casi todos los informativos.
Es revelador de la línea informativa de muchos audiovisuales cómo se pretende fomentar la empatía con un joven apuesto, nieto de famosos mientras se silencian otros casos de españoles que, por razones dudosas, son detenidos en países remotos (y no tanto) y mantenidos en prisión durante años sin juicio o sufriendo condenas desproporcionadas para el delito cometido.
En efecto, de esa cifra casi 500 están en cárceles europeas, con Francia y Alemania a la cabeza; Latinoamércia y África superan los 250, 99 de ellos en Marruecos, y el resto aguardan en Asia y Estados Unidos, sin olvidar a los nueve de Australia.
Más de la mitad de estos presos, lo son por condenas de tráficos de drogas (486, un 55,5 %), pero no pensemos por favor que son todos capos. Suele ser narcotráfico a pequeña escala, personas vulnerables con necesidades extremas, que hacen de mulas, y, en ocasiones, colaboradores involuntarios en aeropuertos que ayudaron a pasar por el control bolsas con desconocimiento de su contenido.
El cine ayudó a que nos asomáramos a ese inframundo cuando en 1978 se estrenó “El expreso de medianoche”, novela llevada a la gran pantalla, que narraba como Billy, un joven estadounidense, es sorprendido en el aeropuerto de Estambul en 1970 al tratar de abandonar el país con hachís adherido a su cuerpo. Para su desgracia, el Gobierno turco desea dar un castigo ejemplar a los traficantes de estupefacientes y es juzgado por posesión de drogas y condenado a cuatro años y dos meses, que deberá cumplir en una prisión de la capital turca en condiciones infrahumanas, película que tuvo consecuencias dio lugar a una crisis política en las relaciones entre EE.UU. y Turquía.
Cuando imagino a estos compatriotas, padeciendo la soledad en cárceles que no cuentan con las mismas condiciones que las europeas, hacinados en muchas ocasiones, lejos de sus familias y amigos, si aún les quedan, rodeados de personas que hablan otro idioma, sin la presencia de un capellán o alguien que le escuche y transmita al exterior cómo se encuentran, me viene a la memoria la petición del rico Epulón en la parábola de San Lucas, capítulo 16, cuando le pide al padre Abraham “ten misericordia de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama», pues debe ser algo insoportable ver pasar los días sin esperanza.
Afortunadamente, existen fundaciones y asociaciones que se preocupan por estos españoles: la fundación +34, integrada por personas que conocen de primera mano el drama personal y familiar que supone estar encarcelado o en situación de desamparo en un país extranjero, y que debe su nombre a esa primera llamada telefónica a la que tiene derecho cualquier persona en el mundo al ser privado de su libertad, y que al realizarla lo primero que debe marcar es +34.
Cada sistema penitenciario tiene una serie de particularidades que es imprescindible conocer. Una visita, el envío de algún objeto o incluso llevar a cabo una solicitud de repatriación pueden ser acciones extremadamente complicadas de realizar dependiendo de estas particularidades. Por esta razón, la fundación considera que el asesoramiento directo a las familias afectadas es una labor obligatoria. Tiene su sede en Valladolid, y su correo es voluntariado@fundacionmas34.org
Desde 2010, el Movimiento por la Paz gestiona el Programa de Atención a Personas Españolas Detenidas en el Extranjero (PADE), con el objetivo de prestar a ellas, así como a sus familiares, apoyo y asesoría en torno a la situación social y legal en la que se encuentran.
Otro ejemplo de colaboración es APEX, Asociación de Ayuda a los presos españoles en el extranjero, cuyas oficinas están en Madrid, pero sobre todo, no podemos olvidar Los servicios prestados por nuestros funcionarios consulares del Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación a personas detenidas y presas en el extranjero que son considerados de los más generosos del mundo en lo que respecta a detenidos, además de realizar una labor informativa específica según el país.
En definitiva, un campo en el que todos prodemos aportar nuestro granito de arena, colaborando aunque sea con unas líneas escritas a alguien a quien no conocemos, pero que él o ella agradecerá a buen seguro. Basta con ponernos por un momento en su lugar.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Gracias Alberto , como siempre dando luz en tantos temas oscuros .
Un cordial saludo
Desconocia la existencia de estas organizaciones tan necesarias.
tendríamos que darle más difusión.Alberto, muchas gracias por esta reflexión y por dar luz a un asunto tan olvidado.