Érase una vez una hermosa jovencita que había sido adoctrinada desde pequeñita en un combativo feminismo anti machirulo y en un avanzado, plural y diverso progresismo sororista ecologista. A pesar de ello, cuando le llegó la adolescencia optó por definirse como mujer heterosexual, ya que, sorprendentemente, además de poseer órganos sexuales femeninos, no podía disimular que le gustaban muchísimo los hombres, por más que le habían advertido del insensible primitivismo intelectual, romántico y moral que caracterizaba a aquéllos.
Aleccionada en el empoderamiento sin límites, estaba convencida de que podía hacer todo lo que le apeteciera, sin temer nada de la subespecie varonil, por muy verracos que a veces se pusieran y por mucha fuerza física que exhibieran. Nuestra Caperucita creía firmemente que con repetir «Sólo sí es sí» y «Un no es no, y punto», podía controlar y superar toda situación generada por el impulso y acercamiento de cualquier machirulo hacia ella. Y anclada en la firme credulidad que mantenía en este tipo de consignas que había mamado desde pequeñita, se movía con absoluta confianza por todos los ambientes, por muy peligrosos que se presentasen.
Pero una mala tarde, que regresaba de una larga fiesta en la que se había metido de todo, menos miedo, cuando caminaba alegre y sin temor por un paraje solitario, fue sorprendida por un grupete de extraños sujetos de apariencia animalesca, cuyo ataque no pudo ni prever ni prevenir. Y por más que les gritó todo aquello del «Sólo el sí es sí» y «El no es no», comenzaron a merendársela sin que apenas le diera tiempo a imaginar lo que le estaba pasando. Todo sucedió tan rápido, que nuestra Caperucita morada sólo atisbó a intuir que aquello ni era bueno ni tenía nada que ver con lo que le habían contado desde la cuna.
Y mientras iba perdiendo la consciencia, se preguntaba por qué le ocurría eso a ella… ¡A ella, totalmente empoderada y que siempre se había creído todos los dogmas del más avanzado y progresista feminismo, y que lo único que pretendía aquella plácida tarde era llegar sola y borracha a casa de su abuelita!





