Me contaba ayer mi amigo Ildefonso, que vencida ya una de estas tardes de la invernal primavera que estamos viviendo, terminados sus cotidianos y agotadores quehaceres laborales caminaba de regreso a casa. Subía desde La Alfalfa hacia Águilas y en cierta confluencia de calles reparó en la ridícula pequeñez del cartel que daba nombre a un estrecho callejón. Con su particular manera de expresarse, me dijo que siempre le ha parecido un inequívoco signo de retrasado provincianismo la heterogeneidad de formatos en los carteles denominativos de las calles sevillanas.
El Consistorio Hispalense, con el estético propósito de eliminar la contaminación visual, ha aprobado un modelo de diseño para unificar la imagen de los rótulos comerciales, toldos y directorios de los establecimientos ubicados en el entorno declarado Patrimonio de la Humanidad de Sevilla. Cambio de imagen que será sufragado por los dueños de los establecimientos afectados. Opino que el Ayuntamiento bien puede aprovechar para sí este impulso unificador y homogeneizar también el formato en la rotulación de todas las calles de nuestra ciudad, a cargo de los sufridos contribuyentes que seguiremos haciendo largas colas en la plaza de la Encarnación para abonar los tributos.
Cuando viajan ustedes a otras ciudades no tan bellas como Sevilla, pero digamos hoy en día más cosmopolitas, póngase el ejemplo de Madrid, París o Nueva York, les llama la atención como los rótulos denominativos callejeros se erigen como un signo distintivo local. Todos iguales. Sin embargo, este asentamiento poblacional ribereño del Guadalquivir, como es bastante más antiguo que las urbes antes citadas, se resiste a parecer una ciudad moderna y mantiene tantos formatos de rótulos callejeros como distintas razas de perros pasean y hacen sus cositas por su viario público.
El estrecho y corto callejón de la collación de San Esteban que ayer me refería el bueno de Ildefonso, está rotulado con tan minúsculo formato que apenas se puede alcanzar a leer y se denomina AMISTAD. Ya ven ustedes, no ocupa «la amistad» una avenida principal con seis carriles o una gran plaza de multitudinario aforo. La verdadera amistad es discreta y no requiere grandilocuencia. Está la amistad abocada a ser un callejón sin salida pues precisamente es amigo quien entra voluntariamente en nuestra vida para quedarse ahí, no para pasar hacia otro lugar o para ascender a cota más elevada. Es buen amigo quien sabe gozar de la mutua amistad de manera reservada sin necesidad de la exposición pública de una plaza. Y sin embargo, siempre estará con nosotros en los momentos importantes, los buenos y los difíciles.
Como el callejón de la amistad tiene un acceso abierto al público, nunca se sabe cuándo pueden entrar nuevos amigos, bienvenidos sean siempre; son un regalo que nos hará la vida. Mas pienso que es la amistad un camino por andar. Y en el viario hispalense, será un largo camino que nos llevará desde el casco histórico hasta el periférico barrio obrero de San José de Palmete, barriada que en su humildad, tiene el nomenclátor callejero distinguido con la más noble grandeza, pues atesora altas virtudes en sus calles que son nombradas como AFECTO, HONESTIDAD, SINCERIDAD, GENEROSIDAD o PRUDENCIA. Méritos todos ellos que adornan a los buenos amigos. A ellos, a esas buenas personas que guardan amistad con ustedes queridos lectores y a mis estimados amigos dedico este artículo, Dios les bendiga.





