¡Buenos días! «¡Ya viene la Macarena por los hilos de la brisa! Junto a Ella el corazón de lujo que usa Sevilla!». Se proclamó ayer la feliz noticia como si nos hubiera llegado al vaivén de los versos entre varales de su poeta Antonio Rodríguez Buzón. ¡Ya vuelve la Macarena, la que se fue una tarde de celeste, y regresa ahora con liturgia de Inmaculada, entre bailes de Seises de diciembre y bajo el palio encendido de las luces que por las calles anuncian la próxima Navidad! ¡Regresa la Virgen de la Esperanza con dosel iluminado de campanas sobre campanas y estrellas de Adviento! ¡Que vuelve la Macarena, macarenos, sevillanos, mundo entero que es suyo, donde la iban a llamar -¡y la llaman!- bienaventurada, todas las generaciones de la Tierra! Vuelve la Macarena de Inmaculada. Ahora entenderemos que el cuadro de Grosso en las altas bóvedas de la Catedral, no era sólo una alegoría, sino toda una profecía para la temprana hora de su regreso. Ahora caemos que se pintó en el inmenso lienzo la escritura de su nueva venida. Ahora nos explicamos las claves y los códigos guardando el secreto de nuestros largos dolores y pesadumbres por tantos meses sin verla, pero siempre viéndonos Ella. Se ha cumplido el tiempo de la espera de su Esperanza. Cuando en cientos, en miles de hogares, ponemos el Nacimiento y adornamos nuestras casas de Pascuas y felicidad, la Macarena vuelve. ¡Pasa por campanilleros!





