¡Buenos días y felicidades a las mujeres! No estoy apuntado a una fecha rosa, ni morada, ni del color que sea. Estoy fuera de las estridencias, de los gritos, y de quienes promovieron una ley que fue el agravio y el perjuicio grave de acosadas, violadas y hasta asesinadas, la ley que benefició a los salvajes que no las respetan ni las aman. Celebro a las mujeres, con paz y sin rabia, sin odio a los hombres que no hemos hecho otra cosa que soñarlas y quererlas, los que hemos sentido los nervios y las mariposas en cuanto ellas se acercaban o nos decían tres palabras, cuando nos dirigían su mirada. Los hombres que temblábamos la maravilla adolescente de su llegada. Celebro que sus vidas son mi propia vida, empezando porque fue una mujer la que me trajo al mundo. Son mujeres mis dos hijas. Es mujer la Virgen a la que rezo. Y hasta llegar Beatriz me pasé los años y hasta las décadas como si cantara QUIJOTE buscando incansable y obsesionado su amor: «Quise ver tu cara en cada mujer, tantas veces yo soñé que soñaba tu querer…» ¡Que ellas, y nosotros, los que las adoramos, pasemos un gran viernes!





