¡Buenos días! Todo está preparado. Y en la liturgia de Sevilla es Viernes de Dolores, con que felicidades a las lolas que insisten, y hacen bien, en que hoy es su santo. La ciudad, aunque amanecida bajo el temporal anunciado como infalible, padeciendo otra borrasca de esas que te bautizan con un nombre indeseable, oye rugidos de un cielo tormentoso que no nos cuadra a dos días del Domingo de Ramos. Sentimos en postal de luz y sólo esa luz es admisible. La misma tarde de ayer era en las calles del centro una pura exhibición de felices estampas de vísperas. Los palcos de la Plaza de San Francisco, ya vestidos con las telas (en otro tiempo damascos) de la importancia y la solemnidad, nos marcaban las horas de lo inminente. Y doy gracias a Dios porque toda una vida cruzada entre tantos atentados contra la ilusión, no ha podido con mis nervios e inquietudes de niño o adolescente cada vez que llega una nueva Semana Santa. Sigo intacto e invencible. No nació quien pudiera conmigo.





