¡Buenos días! Se acabó lo que se daba. Como apuntaban del agua de las riadas en los altos zócalos de esta ciudad cuando se desbordaba el río, hasta aquí llegó 2024. Ya no da más de sí, salvo el regalo de una noche de brindis y de fiestas, de cotillones, matasuegras, gorritos, serpentinas y confetis. Esos grandes momentos siempre se mueven entre el ayer y el hoy, entre quienes estamos y los que nos faltan, aquello que fue y el futuro, a punto de entrar por la puerta grande de una esfera con carrillón. Me vienen a la memoria las imágenes en familia riéndonos unos de otros en el reto a dos carrillos de comernos las doce uvas; de la tele con Tip y Coll y su franchute traduciendo a nuestro entender la de maneras que hay de echar agua desde una jarra a un vaso; el descuido pectoral de la explosiva Sabrina; y la paciencia infinita y finalmente rota de Encarna con las empanadillas de Móstoles, genial improvisación de Martes y Trece. Todavía, hace poco y al cabo de tantas nocheviejas de aquella memorable, recordé con el propio Millán la escena radiofónica que no olvidará nunca nadie que la viera rodeado de felicidad entre sus seres queridos. ¡Feliz Año Nuevo!… al menos hagamos lo que podamos y hasta donde nos dejen. Como dice mi mujer: actitud, mucha actitud. ¡Ah! canten en fila india La Tarara. No tiene desperdicio. En mi familia es tradición.
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