¡Buenos días! La cosa está que arde y uno empieza este lunes sobrado de ironía: el país afronta otra semana la expansión incontrolada de incendios provocados causados por el cambio climático. Otra ficción nacional más. Creo en el cambio climático, pero también en los pirómanos y en los delincuentes. Y sumo a mis creencias que la ley es pésima si prohíbe deshacerse de matorrales y desbrozar terrenos que actuarían de cortafuegos. Igualmente sé que esto de los incendios en los veranos españoles lo recuerdo ya de muy lejos, allá por la década de los 60, estando ICONA (el Instituto para la Conservación de la Naturaleza) encargado de ellos y trataba de prevenirlos con anuncios televisivos cuyo eslogan se hizo memorable: «Cuando un monte se quema, algo suyo se quema». Fue como el primer avance y conciencia del ecologismo. Así que llevamos años y años de continua desertización, cuando el cambio climático no estaba ni en el horizonte de los paisajes ni de las ideas. Pero España es única y campo abonado para seguir guiones falsos y desmemorias extremadamente peligrosas. El invierno prepararía muchas soluciones, pero me temo que pedirlas es mucho pedir. ¡Feliz lunes!





