¡Buenos días, primero de marzo! Regreso tras un descanso voluntario, de los que me tomo de vez en cuando, nada más se dan las provocaciones de «este mundo absurdo que no sabe a dónde va», que cantaba en su «Aleluya» mi admirado Aute. Blindo entonces, como si fuera el coche de un alto mandatario, mi paz y mi felicidad. En las aceras me resguardo viendo pasar a la marabunta estúpida de una época en declive (como la hubiera llamado Ortega), que puede calificar de arte a la obra en fase terminal de un supuesto creador en connivencia con un cateto, nuevo rico en los esplendores de Sevilla, y a los que el otro día salvó la claque de alguien, en ese preciso instante en el que te parece que te toman por tonto, o es que ya lo eres. Pero ayer salí de mis fortalezas para jugarme confiado el pecho ante la genialidad y el talento del músico Abel Moreno (ese sí que sabe anunciar a la Macarena), al ser reconocido en sus méritos por la Junta de Andalucía. Mi querido amigo de tantos años, ¡enhorabuena!, que es un decir ante el retraso propio de estas justicias. Tengo de ti el encargo de escribir lo que te dijo la Virgen. Lo haré en los próximos días, Abel. Lo haré. ¡Feliz sábado a todos!





