¡Buenos días! Sevilla ha amanecido hoy tras despertarse de una larga pesadilla de varios meses, por no decir de muchos años. La Hermandad de la Macarena ya tiene nuevo hermano mayor: Fernando Fernández Cabezuelo. Ha salido adelante la candidatura cuyo eslogan yo hubiera cifrado como la única esperanza de la Esperanza. De las otras dos, la de Notario me pareció siempre impresentable, la gran osadía y arrogancia de quien venía de la Junta de Gobierno responsable de la barbarie de la agresión al rostro de la Virgen. Ha recogido, con el tercero y último lugar en contabilidad de votos, el merecido castigo que a través de su atrevimiento el electorado ha hecho a Cabrero. Pasa su nombre a reunirse definitivamente con el de todos aquellos que ya sólo pueden aspirar a figurar en las peores y más lamentables páginas de una Hermandad llena de gloria y ejemplaridad hasta que todos ellos llegaron a regirla. Del otro candidato que pretendía lo que no ha conseguido, me parecía, como Notario, una intención fallida de la ventriloquía del siniestro Cabrero. Ha llegado, gracias a Dios, el tiempo ilusionante del horizonte que la gran mayoría deseábamos. Han sido las elecciones más extraordinarias jamás conocidas en la Hermandad de la Macarena que nos han permitido defender y proteger a la Virgen, liberarla ayer de irresponsables. Ahora queda, para mí al menos y sé que para muchos, someterme al viejo debate humano entre el perdón y el olvido, que no siempre consiguen caminar juntos. Yo no creo que logre sacar de mí ni lo uno ni lo otro. Más vale conocerse uno mismo que ignorarse. Por supuesto que también queda, entre el futuro más inminente, que la Virgen regrese en los próximos días mirándonos como sabemos que Ella mira. ¡Feliz lunes de este 1 de diciembre! ¡Y enhorabuena, Fernando, hermano mayor!





