¡Buenos días! Hoy hace un año de aquella mañana en la que Sevilla se encontró en la Basílica con la barbaridad de una Macarena irreconocible. Me han dado ganas de no recordarlo. Como si no hubiera pasado. Como si callándome inventara el vacío y pudiera hacer invisible el hecho más lamentable de la historia de la Hermandad. Juro que me he buscado por todas las capacidades del disimulo en esta fecha. Imposible. Porque me han podido las fuerzas y energías de una alegría incontenible mirando hacia atrás, sin ira, sabiendo ya superada una larga pesadilla. Fue uno de esos trayectos difíciles en los que no reconoces ni el sonido de la vida ni su naturaleza más asequible, incluso cuando trae malos tragos. ¿Qué tenía que ver aquello con vivir, qué esquemas, incluso del amplio muestrario de dolores humanos, podían quedar en pie, dónde asumir lo que había ocurrido, en qué razones cabía? Hoy hace un año. Volvimos a la serenidad de su Esperanza, a la confianza plena de sus ojos, al poderío que en las luchas diarias da su mirada. ¡Feliz domingo!
Fotografías de Beatriz Galiano
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