¡Buenos días! Un año más ha llegado esta fecha dedicada a la devoción universal de la Virgen del Carmen, un nombre especialmente español y con el que desde siempre hemos llamado a personas muy queridas desde nuestra infancia hasta hoy. Incluso la calle en la que viví de niño fue en Sevilla la de Monte Carmelo, lugar sagrado que andando el tiempo visité en Israel. Trasladándome con mi familia desde el barrio de Los Remedios al centro, me quedó a dos pasos de mi puerta la Residencia de los Padres Carmelitas y la Iglesia del Buen Suceso, y no muy lejos el templo del Santo Ángel, en la calle Rioja. Ahora la tengo al lado, vecina ilustre, en la Iglesia de Santa Catalina. Sentí su escapulario sobre mi cuello y colgado a la cabecera de mi cama como una segura protección para tantas navegaciones que es vivir. Y fue Estrella de los Mares por esa mi niñez que «sigue jugando» en las playas de Huelva, por La Antilla o Punta Umbría, o la de mis hijas en la malagueña Torre del Mar. ¡Salve, Virgen del Carmen! Y muchas felicidades a quienes lleváis su nombre, Carmen o Carmelo, surcando las aguas de cada día.





