¡Buenos días! Hay palabras que parecen esperarnos siempre donde se fracasa en el empeño de contarlas. Una de ellas es madre. Porque además cada uno la dice de una manera diferente por mucho que tenga la apariencia de ser la misma. No es tanto madre como «mi madre», cada cual dice «mi madre». Y es ahí donde surge y se levanta todo un mundo personal e intransferible que sentir. Hoy, ya lo saben, es el Día de la Madre. Para muchos es un día a celebrar con la palabra de mamá en la boca y con ella presente. Pero también para muchos, como este que hoy escribe más que nunca a duras penas, el día es otro más que pasa con su ausencia y con sus recuerdos, incluso con la enajenación de buscar entre las horas un momento para llamarla por teléfono. Me he dicho tantas veces: «Pero ¿cómo la vas llamar si ya no está?». Suele afirmarse que rompe la ley natural que los hijos se marchen antes que los padres. No estoy yo muy seguro de que esa ley no se rompa también cuando se van los padres antes que los hijos. Aquellos que hoy contáis aún con vuestras madres, no perdáis tiempos muertos en pronunciar la palabra mamá mientras ella vive. Y quienes hemos quedado ya para que nuestra voz la llame en mil vacíos que estuvieron llenos de su paso por la vida, les brindemos al cielo ese maravilloso homenaje de gratitud que es tenerla presente y confundidos, «pero ¿cómo la voy a llamar?»… ¡Feliz Día de la Madre!





