
¡Buenos días! Hoy, 18 de diciembre, vuelve la Esperanza a ser «aquella que está en San Gil» del adiós del emigrante. Regresa a su antiguo templo la Macarena de las velas enrisá, la que «llora que llora de pena por la muerte del chavá» en el romance de valentía. Regresa a San Gil una Macarena de coplas de su barrio más puro, el que canta mientras se faena en las casas, cuando los tiempos pobres y humildes de tanta escasez, apenas si daban para que fuera una tonadilla lo único que llevarse a la boca en una lejana época difícil de apreturas y estrecheces. La vida se hacía entonces más larga que un día sin pan. Pero ya estaba entre su gente la Macarena, ya en 1925 extendió por primera vez su mano a los besos que le encomendaron desde entonces toda clase de necesidades y futuros más amables. La Virgen de la Esperanza, la Esperanza nuestra que aún recuerda sobre el hierro forjado del cancel dónde tuvo su capilla, recibe desde esta mañana los besos nuestros, con los que celebramos que hace un siglo Ella bajó de su altar hasta el mismo suelo humano donde nos sostiene con su mirada más cercana, en la distancia corta más hermosa y conmovedora que podamos tener a nuestro alcance. ¡Felicidades a las Esperanza y a las Macarena!





