¡Buenos días, empieza noviembre! Mis episodios anteriores con el mánager Paco Gordillo y el bailarín Caracolillo, decisivos para determinar la retirada de mis intentos en el mundo discográfico, iban a desembocar en una conversación personal, directa y a solas con Raphael, que confirmaría mi especial manera de ver la cosas; de ver las cosas al menos para mí. Cada artista puede buscar su felicidad como mejor la entienda; hay muchas posibilidades, todas respetables y hasta dignas de admiración… pero yo sólo tenía una, o esa o me largaba. Desde los diecisiete años, había visto ya mucho dentro de aquel tinglado complejísimo, sabía más de la cuenta sobre aguantes ajenos y modos de estar como fuera, incluso con éxito, que no entraban en mis planes. En absoluto estaba dispuesto a cumplir treinta años de una carrera actuando de nuevo en la Feria. La de Sevilla, claro. A los treinta años de una trayectoria había de llevar en el expediente conciertos en el Madison Square Garden o en el Carnegie Hall de New York, por poner dos ejemplos; y en la Feria ya no habría dinero capaz de pagar en ninguna caseta una actuación mía. Mi terrible vanidad artística me salvaba de habitar incesantemente la zona intermedia e ingrata del triunfo. Total, que mientras comíamos en el restaurante El Burladero del Hotel Colón, Raphael me comentó que le parecía llamativo y curioso que hubiera grabado tres discos de larga duración, tres CD. Advertí que buscaba y le interesaba conocer los motivos del desenlace de mi aventura, el justificante de haberle puesto punto final. Y fui radicalmente sincero con él: «Llegué a un punto en el que me pregunté a mí mismo, sin contemplaciones ni paños calientes: vamos a ver, Pepe, ¿tú vas a ser Raphael, tú vas a ser Sinatra, Elvis, Tom Jones…? ¿Tú vas a ser una estrella, no sólo un cantante famoso, sino una estrella? ¿No? Pues entonces déjalo, porque va la enorme diferencia entre pasarte la vida llamando a las puertas de los demás en vez de que los demás llamen a la tuya. Raphael aseveró tajante: «Llevas toda la razón». Y cambiamos de tema, seguimos comiendo tan tranquilos y derivando nuestra conversación hacia otras cosas sobre la música y personales de cada uno. ¡Feliz sábado!





