¡Buenos días! Quizás muchos sintieran ayer una nueva sensación que me atrevo a bautizar como la claustrofobia eléctrica. Nos quedamos sin luz en todo el país y por unas pocas de horas. Un fenómeno histórico para nosotros los españoles, con antecedentes como el famoso apagón de New York, aquel del que llegaron tantos recién nacidos a los nueve meses de producirse. Que se vaya la luz es una cosa, tantas veces resuelta en nuestras vidas con cabos de velas, y otra es que ocurra no en tu calle o en tu barrio, sino en todo el país y hasta en otros como Portugal, entre desconciertos, incertidumbres y conjeturas de estrategias bélicas, cuando tenemos anunciado que las nuevas guerras van a ser silenciosas. Por las cabezas se pasó de todo. Regresados a la maravilla de poder encender las cosas más rutinarias, los sevillanos al menos seguiremos cruzando estos siete días de ilusiones y empeños de felicidad que van a ir desde el lunes del apagón al lunes del alumbrado. ¡Feliz martes, ya queda menos!





