¡Buenos días de nuevo! Llevaba algunas mañanas sin escribir. Me cuesta mucho hacerlo. Mi desgana puede parecer increíble a algunos, pero les aseguro que es sincera. Entre vivir apasionadamente y escribir sin estímulos, elijo lo primero. Incluso leer son contadas raciones de mis alimentos. Creo en lo que escuché una vez entre personajes de mi admirada Ana Diosdado: que hay que echar dos miradas a la vida y una a los libros. Mi experiencia es que quienes leen mucho, más de la cuenta, están muy solos, íntimamente muy solos, además de denotar una gran falta de práctica y destreza para desenvolverse fuera y más allá de la escueta órbita de sus lecturas. Están hechos de muchos conocimientos prestados, pero les faltan datos propios. Por otra parte, soy incapaz de llegar a estas líneas matutinas regresado de haberme asomado a la actualidad, a los periódicos, a los informativos que tanto desinforman. Es como seguir un guión falso que nos están suministrando, una comedura de coco para mí inaceptable e intragable. Tengo las manos llenas del abrazo con el amor de verdad. Y los dedos calientes y con sangre de la que corre al contacto y la caricia de lo auténtico. ¡Feliz miércoles!





