¡Buenos días! Cuarta dimisión ya en la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Macarena, que lo va haciendo a cuentagotas y al son de estrategias, no de vergüenzas toreras. De vergüenzas toreras no fue ni la dimisión de Dávila Mihura, al que alguien de relevancia (sé quién fue) tuvo que convencer y razonarle una necesaria e imprescindible decisión. ¡Ay el día que consigamos saberlo todo de cómo se llegó a hacer esta barbaridad con la Virgen! ¡Cómo unos trabajos de mantenimiento se «extralimitaron» (según el sano juicio del IAPH) hasta convertir aquello en el tocador de la señorita Pepis! Ni con un Cabildo, lamentable en su desorganización y falta de previsión, se supieron a las claras todas las cosas que aún están por saber. Hay más lagunas de información y veracidad, más complots de silencio, que en el golpe de Estado del 23 F. Y más misterios por resolver que en los programas aquellos de Jiménez del Oso. Seguiré, como desde el principio de este lamentable suceso de Sevilla, muy pendiente de los acontecimientos, recabando datos de esos que nadie quiere que vean la luz. Pues que tampoco nadie vaya a confundir en mí la anoxia con la amnesia. ¡Feliz viernes!





