¡Buenos días! A vueltas con Serrat y de nuevo con la música, pues fuera de la belleza y del talento hay muy pocas cosas que me interesen del panorama general de una época en declive. Y meditando en Serrat he llegado a pensar que lo mismo que hubo niños prodigio en aquellos tiempos de Pablito Calvo, Joselito, Marisol o Mari Pili Cuesta (que al crecer sería Ana Belén), también pudieran haberse llamado hombres prodigio aquellos compositores que, como Serrat (Aute por ejemplo), fueron capaces de una precocidad creativa, más acorde con una bien adentrada madurez que con la temprana juventud por la que discurrían. Serrat escribió muy pronto los versos que son propios de conquistarse a partir de los cincuenta años, en una literatura sublime, pero con canas. Un botón de muestra es «Mediterráneo». De no haber sido Serrat, otro hubiera necesitado mucha hondura y profunda nostalgia de tiempo cocido a fuego lento para ganarse la hermosura de aquel poema: «Quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por donde quiera que vaya…». ¡Qué gente hubo de la que ya no hay! ¡Feliz lunes!





