¡Buenos días! Si sabía yo que volvería a saludar con palabras de música a esta nueva mañana. Y que lo que está pasando busca acorralarme en debates a los que me niego, porque he conquistado a base de experiencia, y no de oídas, mis propias ideas, hasta las más sagradas, las de mi fe en Dios, que queda ya muy lejos de los catecismos. Me escapo con Serrat, al que van a condecorar en octubre con el Princesa de Asturias de las Artes. En mi haber tengo simpáticas anécdotas con Serrat, tomando copas hasta el amanecer en compañía de una anfitriona del calibre de Lola Flores, aquella noche en la que Joan Manuel le cantó a su serratiano modo «Pena, penita, pena» ante las cámaras de Antena 3. Por esas largas fiestas de la madrugada, puedo decir que he visto a Serrat en los escenarios y en los urinarios, porque incluso en los aseos de caballeros hemos coincidido. Dando unos buenos días no me cabe Serrat, no abarco a Serrat, pues Serrat se extiende por los cientos o miles de versos que le han hecho grande como poeta, el que ya pertenece a los planes de estudio y está en los libros de texto. El fue quien escribió, sin ir más lejos por ahora, «hoy puede ser un gran día, plantéatelo así…». ¡Feliz sábado y mi enhorabuena al artista!





