
¡Buenos días! Se suele creer por muchos artistas que la felicidad no es tan creativa como la tristeza. Y que las mejores obras las ha inspirado el desamor o un estado de melancolía. Es como si dijeran que la alegría está reñida con las canciones más bellas. Y que se compone con más facilidad por un desengaño que viviendo en armonía plena una relación sentimental. Puede que tengan razón. Pero a ciencia cierta no lo sé, no lleva uno esa contabilidad. Desde luego no me cabe duda de que serían interminables los títulos de baladas románticas que lamentan ausencias y despedidas de quereres eternos que al final no lo fueron. El repertorio de sólo un intérprete podría contener un alto porcentaje de canciones tristes en comparación con el número de las alegres. Mi experiencia sí me permite afirmar que las desventuras amorosas me hacían ir a por la guitarra lo que no la necesito ahora. Ahora me voy a la calle con mi mujer, lo que me apetece y llena es pasear con ella, disfrutar de ella. Y si tuviera que elegir una canción mientras la llevo de la mano, esa sería la de «Corazón contento». ¿Quién sabe si cuando el amor se resuelve, el compositor se larga? ¡Feliz lunes!





