¡Buenos días! Guarda una historia preciosa y desconocida el rodaje de la segunda película de Los Bravos, «Dame un poco de amooor…!». Tras las cámaras, entre cables laberínticos, vestuarios, maquillajes, o el ajetreado y preciso trabajo de los iluminadores, había siempre una niña que contemplaba todo aquello con el asombro propio de la infancia. Discreta, prudente, camuflada entre la magia que hace posible el cine, lo miraba todo con la curiosidad de un detective. La niña parecía investigar cada huella dejada por un mundo desconocido. Lo hacía en silencio, procurándose para sí la presencia casi invisible y tan característica de los que no quieren molestar. Y su mayor fascinación era la de tener allí en persona nada menos que a su ídolo, Mike. Conozco esta historia porque andando el tiempo me la contó la propia niña siendo ya una mujer: se llamaba Verónica Forqué, fue una de las mejores actrices españolas (galardonada con cuatro premios Goya), y al rodaje la llevaba su padre, el director de aquella segunda película de Los Bravos, el gran e inolvidable José María Forqué. ¡Feliz domingo!





