¡Buenos días! En mi caso particular estoy convencido de que quien mucho vive, poco escribe. Creo a pies juntillas aquello que, a través del diálogo de uno de sus personajes en «Anillos de oro», afirmó la gran autora teatral Ana Diosdado: «Hay que echar dos miradas a la vida y una a los libros». Aparte de esto, también me va dando la impresión de que escribiendo soy muy «currista». Y me explico: cuando a Curro Romero no le gustaba un toro o le veía más peligro de lo asumible, no lo toreaba, se lo quitaba de en medio en cuanto podía. Como el camero no lo sintiera, no había nada que hacer, así quedara el albero del Baratillo sepultado por cientos de almohadillas arrojadas por la indignación del respetable. Y a mí, viendo la embestida por todas partes de este tiempo plagado de peligrosas noticias, me blindo en mi felicidad personal (que es bien grande), y que lidie otro con la temeraria actualidad. Mi último ánimo fue para comentar, hace ya muchos días, la necesidad cada vez más urgente de erradicar esa patología de nuestra democracia que es la polarización, en la machadiana fatalidad de las dos Españas que hielan el corazón. Y mi idea de que ya no hay donde agarrarse, salvo donde cada uno crea que existe el mejor de los mundos posibles, vino a resumirla mi querido y admirado Pive Amador, que no me lo pudo comparar mejor: «Hay algo peor que tener una rueda pinchada. Es no tener rueda de repuesto. Ese es el gran problema político de nuestro país». Pive fue el mejor ejemplo de «fusión» musical, lo digo ahora que tanto se pretende lo de la fusión: porque pocos nexos se habrán dado como el suyo con Silvio, tan fuerte que no llega a diferenciarse con claridad el límite entre él y el rockero, dónde acababa uno y empezaba el otro. Y fue Pive el que me dedicó con afecto de tocayo esas líneas en corto y por derecho, muy natural en quien domina la brevedad o la largura justa de las palabras, bien aprendida como experto de la Copla, en la que Rafael de León lo argumentaba todo de un tirón y también de un tirón te lo cantaban las grandes del género; que hay que ver lo que tardan ahora los nuevos intérpretes en cruzar por un verso, que ya te pierdes olvidando si era una copla o una saeta. No quiero yo alargarme enviando a los lectores estos buenos deseos de cada mañana. ¡Feliz lunes!





