¡Buenos días! Yo creo que nacemos, por encima de todo, para un destino en compañía. Lo nuestro no es habitar El libro de la Selva. Sé que hay muchas y muy duras soledades impuestas, no escogidas libremente. Y eso mismo confirma lo que pienso, porque son vidas en habitaciones vacías, con techos que se les caen encima, silencios que consuela una radio o la televisión encendida a todas horas, vidas que hablan consigo como si alguien las oyera y a falta de compartir la humana necesidad de la conversación. Hasta ahora me libré de todo eso. Tuve algún que otro episodio suelto de esos que causan los desamores, pero incluso atravesándolos tampoco me faltó quien supo escuchar mis lamentos. Y he sabido coger por los caminos contrarios al de los llamados «éxitos profesionales» que se pagan con el aislamiento; porque entonces ya no me parecen tales éxitos. De ahí que sepa también que jamás voy a ser un hombre muy culto, pues he comprobado que aquellos que lo son, que estudian tanto, que leen tanto, que escriben tanto, necesitan forzosamente de unos encierros que yo no cambiaría nunca por el tiempo junto a los demás y de la mano de mi mujer. ¡Feliz sábado en compañías, en buenas compañías!





