¡Buenos días! Ni una semana hace de la traca final que clausuró a la Feria de Abril, cuando los sevillanos tienen desde ayer tarde los resultados del referéndum para elegir eso que ahora llaman su formato. Qué palabrejas para decidir si se quiere volver a la tradición de toda la vida, por la que el alumbrado se inaugura la noche del lunes (la del pescaíto) y la Feria acaba el domingo; o seguir en este modelo larga duración de sábado a sábado. Ha ganado la tradición. Por poco, pero ha ganado. Ha sido como un brexit a lo sevillano que deja prácticamente dividida en gustos a la ciudad. Normal. Es el tiempo por excelencia de los debates. La vida se ha llenado de ellos en todos los ámbitos. Casi nada parece quedar fuera de discusiones. Yo me he blindado a ese continuo vivir entre opiniones crispadas y acaloradas. Una carrocería de acero me guarda de semejante ambiente. Procuro acogerme a las escasas zonas donde va quedando la serenidad de lo cordial. Si después de este resultado -que sólo es vinculante políticamente para el alcalde-, la voluntad popular pasa el filtro del pleno municipal (que sería lo suyo precisamente por ser voluntad popular), la Feria regresará para todos a las doce de la noche de un lunes. Allí estaremos. Si Dios quiere, claro; siempre si Dios quiere. Entretanto, ¡feliz viernes!





