¡Buenos días! Los méritos de Dios se los llevan no pocas veces las casualidades. Esa es al menos mi impresión. Yo dudo más de las casualidades que de Dios. Y estoy convencido de aquello que le escuché en cierta ocasión a mi hermana Pilar: que hay casualidades causadas. Sé que la fe es un gran salto en el vacío, pero sólo en el vacío humano, no en el divino, donde los pies de un pescador fueron ayudados para caminar sobre las aguas de un lago. Las casualidades son en muchos casos la única fe posible y al alcance del ateo. Desde niño, desde muy niño, estuve acostumbrado a maravillarme ante los sucesos continuos de una misteriosa trama urdida por manos invisibles, las que intervienen en los hechos más sencillos y corrientes, y también obra los mayores e inesperados prodigios de cada vida. No me cabe duda de pertenecer al grupo de los dichosos que fuimos anunciados hace siglos para creer sin haber visto. ¡Feliz domingo!





