¡Buenos días! Ahora es cuando va a empezar la vida real, la más cierta, la más auténtica, la más útil y más decisiva para entender qué merecía la pena cuando llegue el momento de abandonar un día este mundo. Suele creerse por muchos que la Feria está plagada de ficción y fantasía. Y que contiene los gozos y placeres de un gigantesco engaño, una colosal arquitectura de espejismos de la amistad, cobijados bajo las lonas efímeras de su enorme edificación pasajera de una semana. Hay siete días para fingir más que nunca lo que queremos ser, pero no somos. Y yo, sin embargo, estoy convencido de que esta noche vuelve a alumbrarse la gran oportunidad de una alegría sin apariencias, necesaria y urgente entre todos. A las doce se inaugura una de las grandes razones de existir, la de la amistad, y la conciencia de una filiación universal de gentes bienvenidas a Sevilla desde todas las partes del mundo. No ignoro que la vida tiene muchas caras y algunas de ellas muy duras. Pero también sé que la Feria de Abril es la gran ocasión de asomarnos a la otra cara de la moneda que normalmente no vemos, no sabemos ver. Es la cara deslumbrante de la mejor Humanidad. Me parece la Humanidad más sincera, la más desinhibida de dobleces para abrazarse y brindar por destinos que nos llevan juntos. Son respetables quienes piensen que estos no son más que romanticismos. Pero yo siento a la Feria de Sevilla como un gran momento de esa extraordinaria lucidez que debería librarse, cuando todo llegue a su fin, de acabar desmontada entre los restos de una fábula. ¡Que ustedes lo pasen bien, feliz comienzo!





