
Foto de Beatriz Galiano
¡Buenos días! Pascual González fue un máquina total de la creatividad, esa cabeza no paraba nunca de una inspiración a otra, cabalgaba veloz al galope de su genialidad. Lo supe muy bien no desde fuera (como el público), sino de primera mano y en la distancia corta de una sincera amistad que me ofreció desde el primer momento en que nos conocimos. Una mañana de Feria paseaba con él por el Real camino de su caseta -donde habíamos quedado con Carlos Herrera- cuando de pronto me confió un secreto:
-He compuesto una sevillana que voy a presentar al concurso de la Sociedad General de Autores, dan un millón de pesetas al ganador del primer premio».
Y conforme recorríamos las calles, me fue recitando los versos, desde el primero hasta el último: «El Cachorro nunca ha visto ni Sevilla ni Triana, sólo ha visto los balcones y las tejas de la Cava. Sólo ve a los saeteros y las blancas espadañas, Él no ha visto nunca el río, ni el barrio de sus entrañas. Porque mira al cielo azul de esta tierra mariana que busca en su cara la luz; malas puñalás gitanas quien te clavara en la cruz…».
Me dejó atónito y la Feria me dio inesperadamente un vuelco en el corazón. Como nuestra relación era muy cómplice para entendernos rápidamente, y sin perder de vista que aquí en Sevilla es un halago lo que un insulto en otra parte, me salió del alma decirle:
-¡Hijo de puta! ¿Te das cuenta de lo que has escrito? ¿Tú sabes lo mucho que se ha dicho ya del Cachorro a lo largo de su historia de siglos, la de pregones de Semana Santa que lo han pregonado, y nadie se ha dado cuenta de lo que estaba delante de los ojos de todos y sólo tú te has percatado de que, por estar expirando, «el Cachorro nunca ha visto ni Sevilla ni Triana»?
Pascual acabó ganando ese primer premio, concedido en el Teatro Lope de Vega por un jurado que presidió nada menos que Manuel Alejandro
¡Feliz domingo!





