¡Buenos días! Recuerdo aquellas ferias sin tocadiscos ni equipos de música en las casetas, cuando tampoco un grupito o el conjunto de turno llegaba a una hora determinada para animarlas. Las sevillanas se cantaban espontáneamente por los propios socios y feriantes, amparados tantas veces en las facultades de quienes lo hacían mejor al baile, al cante, tocando la guitarra, e incluso en la habilidad de saber redoblar las palmas. Fue el gran tiempo de lo más natural, sin nada preparado, dependiendo de la memoria de unos y de otros para saberse las letras. El éxito de ciertas sevillanas consistió en hacerse presentes por todo el Real, como si nos socorrieran ante cualquier amenaza de silencio, evitando que pudiera venirse abajo el ambiente. Todo menos eso. De ninguna manera. Y una de esas sevillanas que se supo todo el mundo fue «Eres mi cruz», de Los Rocieros. ¡Feliz viernes!
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